La economía tiene su responsabilidad en el coronavirus
The A23 is seen almost empty near Handcross, as the spread of the coronavirus disease (COVID-19) continues, Handcross, Britain, April 12, 2020. REUTERS/Matthew Childs (MATTHEW CHILDS/)El padre de l...
The A23 is seen almost empty near Handcross, as the spread of the coronavirus disease (COVID-19) continues, Handcross, Britain, April 12, 2020. REUTERS/Matthew Childs (MATTHEW CHILDS/)
El padre de la economía, Adam Smith, en sus dos famosos libros, deja evidentes demostraciones de la importancia asignada a la ética y a la solidaridad. Lamentablemente, una extensa literatura le endilga la idea de que la economía debe estar libre de valores. ¿Craso error o malintencionada interpretación?
A diferencia de las naturales, las ciencias sociales –donde se ubica la economía– tienen al hombre y a su comportamiento como objeto central. Y así pensaba Smith.
Sin embargo, a partir de David Ricardo, las cosas empezaron a cambiar. Por décadas, la ciencia económica se fue construyendo mediante un método aséptico y cuantitativo, en menoscabo del juicio de valor y del subjetivismo propio de la condición humana. Un ejemplo claro viene de las contribuciones –ciertamente positivas– de la escuela marginalista y de la neoclásica que muestran un lado débil: la adopción de posiciones teóricas, sin tomar mayormente en cuenta su carácter social.
Así las cosas, la ética y la economía caminaron por distintas vías. Y la segunda, salvo contadas excepciones, fue quedando encerrada en un enfoque más bien técnico. El filósofo alemán Hans Jonas enseña que es imperativo que el ser humano actúe con cautela y humildad frente al enorme poder transformador de la tecnociencia. En 1991, escribió que la ética debe contemplar no sólo la persona humana, sino la naturaleza también.
Adam SmithEl distanciamiento entre esta ciencia y la ética es en parte causa de los problemas ecológicos que azotan el planeta y, en consecuencia, el bienestar de la humanidad. Por la ausencia de una ética ligada al respeto de la naturaleza.
El ímpetu por hacer, bajo el manto de la codicia, ha desplazado a la reflexión. Se trata de lograr resultados sin considerar la ética, al momento de elegir los medios. La valoración de los medios queda supeditada al logro de fines. La ausencia de compasión y solidaridad, como escribe Smith, es fuente de grandes males. Chuck Collins del Institute for Policy Studies (John Hopkins University) dice: “Claro que tenemos que atender a la familia más próxima; pero, una vez que está bien, tenemos que ampliar el círculo. Tener un sentido de la familia más amplio es una idea radical, pero si no entendemos que todos vamos en el mismo barco, nos veremos en problemas como sociedad”.
La economía debe comprender las repercusiones sobre la salud humana, a resultas del deterioro del medio ambiente. Ello exige prever los posibles cataclismos como consecuencia del calentamiento del planeta, o de la progresiva destrucción de la capa de ozono, o aun, de la destrucción de la vegetación de las reservas forestales.
Este golpe es una nueva advertencia de la naturaleza. La humanidad por siglos ha pecado de soberbia; y por actos derivados de ésta, ha debido pagar cruentos castigos. La ciencia económica hoy más que nunca debe retomar el sendero de la ética que es la que moldea la sustentabilidad
Desde hace unos años, la naturaleza viene pasando la factura por los agravios cometidos. Al recibir el golpe, la economía está comenzando a tratar de comprender su horizonte de mediano y largo plazo, por lo que debe reconocer las restricciones necesarias para el desarrollo sustentable.
El sacudón que recibe la humanidad con la aparición del coronavirus es durísimo. La cifra de muertos revela la fragilidad de los sistemas de salud y hace tomar conciencia de la soberbia en que estamos envueltos. Y nos llama a ejercer la solidaridad.
Este golpe es una nueva advertencia de la naturaleza. La humanidad por siglos ha pecado de soberbia; y por actos derivados de ésta, ha debido pagar cruentos castigos. La ciencia económica hoy más que nunca debe retomar el sendero de la ética que es la que moldea la sustentabilidad.
La economía no puede asignar recursos en el contexto de un sistema global que desconoce. La economía puede, en cambio, estimular al conjunto social a caminar con estilos de vida en consonancia con la renovabilidad de los recursos y la reducción de los desechos con sentido ético
El Nobel de Economía Amartya Kumar Sen nos dice “La economía puede hacerse más productiva prestando una atención mayor y más explícita a las condiciones éticas que conforman el comportamiento y el juicio humano”
Con las nuevas corrientes, va evaporándose el “paradigma” de la maximización de beneficios. Cuando nos detenemos para observar el mundo, es fácil advertir la cantidad “servicios” prestados por el ecosistema para la gente. Pese a ello, es enorme la dimensión de daños que ésta le aplica. Solo por citar un caso, miremos qué hacen las abejas y cómo, en muchas ocasiones son dañadas. Sus “servicios de polinización” es poderoso para el ecosistema, y su valor está cuantificado.
No se trata sólo de problemas de eficiencia económica. La economía no puede asignar recursos en el contexto de un sistema global que desconoce. La economía puede, en cambio, estimular al conjunto social a caminar con estilos de vida en consonancia con la renovabilidad de los recursos y la reducción de los desechos con sentido ético.
Si tomamos a las instituciones como hábitos y prácticas y entenderemos la urgencia en desarrollar instituciones económicas que respondan a la ecología y al respeto de la naturaleza.
La crisis ambiental exige que, cada vez más, la economía tome en cuenta la ética a través de un sistema de valores donde la integralidad del hombre se desarrolle en armonía con el medio donde se desenvuelve
Nos dice Juan Pablo II: “El hombre, impulsado por el deseo de tener y gozar, más que de ser y de crecer, consume de manera excesiva y desordenada los recursos de la tierra y su misma vida”. Y advierte que es imprescindible “un cambio profundo en los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad”. En otras palabras: se necesita el desarrollo de instituciones de producción y consumo que conduzcan los deseos y aspiraciones por la vía de la ética y la ecología.
La crisis ambiental exige que, cada vez más, la economía tome en cuenta la ética a través de un sistema de valores donde la integralidad del hombre se desarrolle en armonía con el medio donde se desenvuelve. Ello demanda pasar de una economía productivista, desarraigada de la Tierra que abusa de los recursos naturales mediante ritmos de producción y consumo desenfrenados a una economía inserta en el ecosistema físico, global y finito.
En estos días, en que el mundo ha detenido parte de la maquinaria industrial y el consumo excesivo, la naturaleza está mostrando un poco sanación por los múltiples daños ocasionados. No se trata de dejar de producir y consumir, se trata de regirse bajo fundamentos éticos que hacen a la sustentabilidad.
Como toda crisis, ésta también trae una oportunidad.
El autor es economista y profesor de la Universidad del CEMA
