Política de telenovela
Pablo Casado y Pedro Sánchez (REUTERS/Stringer) (STRINGER/)En España, con el coronavirus en incipiente fase de repliegue, vuelve la “telenovela política” al prime time. Una serie que a sus g...
Pablo Casado y Pedro Sánchez (REUTERS/Stringer) (STRINGER/)
En España, con el coronavirus en incipiente fase de repliegue, vuelve la “telenovela política” al prime time. Una serie que a sus guionistas les cuesta encontrarle un final de temporada para que todos los espectadores puedan apagar la tele tranquilos y pasar a las preocupaciones mundanas y reales de sus vidas diarias como pagar las cuentas, resolver asuntos familiares o atender sus problemas de salud.
Pero esta vez la telenovela dio un giro tan deseado como inesperado. El presidente socialista Pedro Sánchez decidió que él debía ser quien empiece a darle un final a este culebrón de acusaciones y reproches cruzados. La oposición le exigió autocrítica y él la aceptó. Le achacaron soberbia y él respondió con un llamando a la unidad para reconstruir la España.
Este movimiento del presidente no es casual. El debate político español quedó estancado en las broncas de la sesión de investidura, una sesión que parece no haber acabado nunca. El discurso afilado de diferenciación y grieta entre “derechas” e “izquierdas”, “españolistas” y “plurinacionalistas”, fue oportuno para conseguir los votos que necesitaba la investidura presidencial pero no son suficiente apoyo para enfrentar el período pos pandemia. En plena crisis y con un ajustado margen de apoyos, hoy cada debate parlamentario parece una prueba a la legitimidad del Presidente o una incipiente moción de censura, lo que dificulta la toma de decisiones y podría paralizar el futuro accionar del Gobierno. España requiere de grandes acuerdos y coaliciones temporarias para enfrentar lo que se viene si no quiere sumar una crisis política a la ya esperada crisis económica.
La pregunta es, ¿estamos a tiempo o llegamos tarde? Y si es sincera la invitación de Sánchez, como creo que lo es, ¿por qué le serviría al PP la unidad?
Sin duda el líder del Partido Popular (PP), Pablo Casado, se encuentra incómodo ante este llamado a la tregua. Luego de tantos agravios y acusaciones cruzadas, no es sencillo desdecirse sin perder credibilidad frente al espejo y entre sus fieles. Sin embargo, en política, muchas veces los pactos no se firman por la ganancia en sí, si no por la pérdida que puede suponer no acordar. Si Casado se negara nuevamente a un acercamiento, sería la segunda vez desde la investidura que rechaza una negociación antes de sentarse siquiera a discutir. Y eso sabiendo que, tanto en aquel entonces como ahora, la mayoría de sus simpatizantes decían estar de acuerdo en el diálogo con los socialistas.
Esta convocatoria de paz deja en evidencia que no son exclusivamente sus posiciones ideológicas lo que separan a Casado de Sánchez si no un problema de piel, de química, de sensibilidad personal. Les incomoda hablarse. Cuando lo hacen, aparecen los reproches sobre el tiempo que se dedican, si escuchan sus propuestas, si hacen autocrítica o si van a ser leales. Como en una telenovela, ambos sufren por heridas pasadas y promesas de venganza.
Sin embargo, no están donde están para que el futuro de los españoles quede debilitado por sus diferencias personales. Sánchez lo entendió y Casado, aunque pidió un tiempo para pensar, lo tendrá que terminar de entender. Nunca es demasiado tarde y esta ocasión es una buena oportunidad para romper la baraja y dar de nuevo. Claro que, como en toda negociación, la unidad requiere ceder algo, pero de lo contrario, peligra el tener que renunciar a todo.
Deberán trazar una estrategia conjunta y pactada para que ambos ganen. Una tarea será neutralizar a Vox. A los populares les resta votos y a Sánchez, por más que le sea utilitaria la división de la derecha, hoy necesita unos meses alejado de los ataques virales que perpetran los de Abascal desde redes que terminan incidiendo en la agenda pública. También tendrán que acordar el rol de Podemos que, como socio de coalición, iba a ser una herramienta poderosa para gobernar pero en este escenario dificulta el diálogo interpartidario con la oposición. Y por último seguir atentamente los movimientos de un renovado Ciudadanos, que tiene una oportunidad impostergable de recuperar el centro del espectro político.
Es momento de terminar con esta telenovela de reproches. Terminar con las falacias y el “yo te hago ahora lo que tú me hiciste cuándo…”, el ébola, el 11M o el derrame del Prestige. Sánchez y Casado deberán superar el conflicto personal y alinear a sus tropas para dar un alto al fuego. Los españoles necesitan un acuerdo -aunque sea temporal- para que la política no sea un problema más que se le suma a la pesadilla que están viviendo. Es momento de estar a la altura de los sacrificios de la ciudadanía. Cuando esta pesadilla acabe, los españoles merecen encontrarse con un nuevo estilo de hacer política en el que ellos serán el centro de preocupación y no las discusiones entre dirigentes. Por el bien de todos, no dejen pasar esta oportunidad. Quizá no haya otra.
El autor es consultor y analista política
