Estuvo diez dÃas con fiebre y sin otro sÃntoma: el relato agónico de una mujer que murió por no tener coronavirus
Liliana Giménez vivÃa en Villa Giardino, Córdoba, con su esposo y sus dos hijos. HabÃa nacido en Buenos Aires, crecido en Misiones y estudiado Letras en Córdoba. Murió el 7 de abril por la tarde...
Liliana Giménez vivÃa en Villa Giardino, Córdoba, con su esposo y sus dos hijos. HabÃa nacido en Buenos Aires, crecido en Misiones y estudiado Letras en Córdoba. Murió el 7 de abril por la tarde, a sus 44 años, vÃctima de una neumonÃa
La muerte de Liliana Giménez es una tragedia. TenÃa 44 años, un esposo, dos hijos adolescentes, era profesora de Literatura en una escuela rural de Villa Giardino, Córdoba, y enseñaba en una cárcel de mujeres de la capital cordobesa. DirigÃa y propulsaba el proyecto educativo Rotas Cadenas, una revista literaria que escribÃan presidiarias del Complejo Penitenciario Bouwer. Su adiós tiene paradojas literarias. El martes 31 de marzo publicó en sus redes sociales una idea burlona, hoy interpretada como un triste presagio. Alguien le habÃa pedido que la mantuviera al tanto de su salud, ella, en su respuesta, satirizó su destino: “'Murió de unas fiebres misteriosas'. No fui escritora, pero tuve un final ad hocâ€.
Su agonÃa es autobiográfica. Lilipad -asà se hacÃa llamar en Twitter- relató sus dÃas de enferma sin saber que iban a ser sus últimos. En su narración, afloran referencias a la literatura, reseñas sobre la muerte, dejos de ironÃas y crÃticas al sistema de salud. AllÃ, donde se habÃa definido como una “especialista en arrear gente†y quien habÃa iniciado “su discurso de despedida†después que le picara una carabela portuguesa, Liliana retrató su padecimiento. Hoy, su narración se vuelve protesta.
El domingo 29 de marzo escribió: “No me siento bien y le dije a marido que se fijara si habÃa dos puntitos de sangre en el almohadón y se rió. Aguanten las referencias literariasâ€. Alguien le pidió que no dijera eso, en un deseo solapado para no convocar a la desgracia. “¿Vos decÃs que no vaya hacia la luz? Se estrellaba contra un foquitoâ€, le respondió con simpatÃa. Ese mismo dÃa, primero aclaró que sentÃa un “clásico†dolor de columna. Y luego, más severa, apeló al sarcasmo: “38,3 hasta luego amigos, los quiseâ€. HabÃa percibido un incipiente malestar dos dÃas antes. Pero su preocupación se activó cuando el termómetro denunció 38°.
La docente en Literatura relató su suplicio en su cuenta de TwitterEse domingo comenzó su suplicio. Ya se habÃan cursado nueve dÃas del aislamiento social, preventivo y obligatorio dictado por el presidente Alberto Fernández como escudo a la pandemia del coronavirus. Se comunicó con su obra social, Administración Provincial del Seguro de Salud (Apross) de la provincia de Córdoba. Padeció a los fundamentalistas del protocolo de seguridad sanitaria por el Covid-19. Le recetaron paracetamol y le aconsejaron reposo.
El lunes 30 de marzo graficó su padecimiento: “Como si me hubiera caÃdo de un camión en movimiento. Pero ahora tengo febrÃcula nomás. Ningún otro sÃntoma preocupanteâ€. “Hace siglos que no me daba tanta fiebreâ€, notificó. También se habÃa ilusionado con lo que marcaba su termómetro. “No llegué a 39, asà que bienâ€. No habÃa llegado la noche. Un tuit del dÃa siguiente reportó un nuevo cuadro de situación: “Actualización: anoche 39,6° pese al paracetamol. Dice Apross que aumente la dosis, pero que no vaya a los centros de salud. No califico para Covid-19 ni para dengueâ€.
“La obra social de los empleados provinciales tiene un protocolo. Si pasas el cuestionario, videollamada y si no alcanza te mandan médico a tu casaâ€, explicó. Ese último dÃa de marzo, se aventuró a imaginar su epitafio con ribetes literarios: “Murió de unas fiebres misteriosasâ€. Informó que le habÃan aumentado la dosis y la frecuencia, que no se habÃa manifestado otro sÃntoma y que le habÃan estimado un plazo de recuperación en 72 horas. A su respuesta, le habÃa incorporado un emoji descriptivo de su incertidumbre.
Estuvo diez dÃas con sÃntomas febriles. Cuando le hicieron el hisopado para saber si tenÃa coronavirus, le dio negativo. “Era una madre ejemplar, una esposa ejemplar… Daba clases en escuela rural de Oláen, también en Bouwer, hizo una revista para la gente de Bower. No fumaba no tomabaâ€, dijo su hermano Hernán“El chusmerÃo alcanza nuevos niveles con los grupos de Facebook de los pueblos en donde se encargan de escrachar a los que se enferman o son sospechosos de ello, sus familias y cualquiera que haya tenido contacto. Como si enfermarte fuera tu culpaâ€, escribió en Twitter el primero de abril. Su salud habÃa mostrado indicios de recuperación, “no como me gustarÃa, pero mejorâ€, indicó. Dedicaba sus horas de reposo a corregir tareas de sus alumnos. Su respeto por la cuarentena era sagrado. Sus amigas revelaron lo que sugerÃa su tuit: le asustaba la estigmatización y la persecución a quienes quebraran el aislamiento.
El primer dÃa de abril se propuso pensar dos planes a encarar en cuarentena. “Proyectos febriles: Empecé guaranà en Duolingo. Abrir tik-tok ya no parece tan mala ideaâ€. El jueves 2 de abril se autodenominó como “una paciente obediente en sexto dÃa de fiebre en casitaâ€. Al tuit le agregó una cara de llanto. En un intercambio por redes sociales, repitió que ya comunicó con la obra social y con el 107, y explicó: “No nos cubre médico a domicilio acá y mientras sea solo fiebre me prohÃben ir. Estoy recansada. Va bajando, pero muy lento. Ahora me dijeron que alterne con novalginaâ€.
“Hace tanto que estoy en cama que cuando hago dos pasos se me acalambra el gemeloâ€, puso el viernes 3 de abril. El sábado, luego de varios intentos, finalmente consiguió que un médico particular la revisara. TenÃa diagnóstico, tratamiento, le habÃa bajado la fiebre y, con ello, la angustia. “Ocho dÃas de fiebre me llevó que un médico se acercara. Por tema coronavirus, sà tenés fiebre ‘esperá por otros sÃntomas’ y estamos empezando. Fleming cómo te amoâ€, tuiteó. En las preguntas que sus seguidores le hacÃan, actualizó el reporte: “Ya no tengo fiebre y tener diagnóstico y tratamiento lo es todo. Estaba ansiosa y preocupada. Aparte la fiebre llegó a 40° y después fue bajando. Un dolor…â€. El diagnóstico, amigdalitis, y el tratamiento, una inyección de penicilina. Cuando alguien le preguntó, asustada, qué era lo que estaba pasando, ella resumió: “Están cuidando que no colapse el sistema de salud, pero parece que tenemos uno muy endebleâ€. Ese 4 de abril publicó como noticia y con orgullo su logro del dÃa: subir a la terraza.
“No sé si fue el puto coronavirus o el nefasto sistema de salud. Lo que sà sé, es que no es justo. No es justoâ€, escribó su amiga Elizabeth Auras. Después se corrigió: “Confirmado que no era coronavirus. Más triste aún...â€El domingo 5 de abril la fiebre volvió y su interacción se redujo a subir una foto de sus gatos. El lunes, su tuit más viralizado y dramático. Acumula más dos mil likes y una carga emotiva pesada: “Después de nueve dÃas de agonÃa por el sistema de salud, finalmente me llevan a internar. Besos a todosâ€. Al interés de una seguidora, le amplió el escenario: “Me dejaron seis dÃas de fiebre esperando por un médico. Era amigdalitis pero leudóâ€. DÃas antes se habÃan comunicado con el dispensario de La Falda, desde donde le indicaron que se acercara a realizarse unos estudios. Su marido la acompañó. La radiografÃa de tórax mostró una neumopatÃa. Se activó el protocolo por Covid-19 y la trasladaron de urgencia a la ClÃnica La Falda.
Jorge Soria, subsecretario de salud de Villa Giardino, informó en diálogo con La Estafeta Online, un portal de la ciudad cordobesa, que él mismo se presentó en el domicilio de la mujer cuando el viernes 3 de abril ella se comunicó por primera vez con el establecimiento sanitario local. Ese dÃa, la Municipalidad recién tuvo conocimiento de su caso. “Fui a atenderla a su domicilio y le dije que se acercara al dispensario, pero me dijo que en ese momento no podÃa. Hablamos a dos metros de distancia y le dije que lo más común en esta época eran las amigdalitis o las bronquitis. No fue un diagnóstico. Le pedà que se controlara la fiebre y que nos mantuviera al tanto de cómo evolucionabaâ€, apuntó Soria.
Al dÃa siguiente, acudió al dispensario acompañada por su marido. La noche del lunes fue su última noche. No la pasó bien. Le realizaron el hisopado de rutina y la conectaron a un respirador. “Sólo usaba un cuarto de un pulmónâ€, precisó su hermano Hernán. El martes 7 de abril por la tarde Liliana Giménez falleció. La causa: neumonÃa. No resistió un paro cardiorespiratorio por la falta de oxÃgeno. El resultado del reactivo dio negativo. Nunca tuvo coronavirus, pero murió por sus efectos: la desidia y el abandono del sistema de salud. Su familia analiza iniciar acciones legales.
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