El Tano Gracián, Ãntimo: cómo enfrentar al coronavirus desde la fe en Dios, al que conoció cuando vio un milagro con su papá
(IG: leandro_gracian)Cuando uno tiene un apodo muy conocido, el nombre de pila queda sólo para la familia. En el mundo del fútbol nadie lo llama Leandro a Gracián. Ni sus amigos. Salvo para el L...
(IG: leandro_gracian)
Cuando uno tiene un apodo muy conocido, el nombre de pila queda sólo para la familia. En el mundo del fútbol nadie lo llama Leandro a Gracián. Ni sus amigos. Salvo para el Loco Bielsa en la época en la que era uno de sus sparrings favoritos en la Selección, Gracián es el Tano. O el Tanito. Aún cuando hoy se acerque a los 38 años y ya no sea -en el fútbol profesional- ese talentoso conductor que sabÃa acelerar para cambiarle el ritmo a la jugada en Vélez, Boca, Independiente, Monterrey o San MartÃn de Tucumán.
Ahora su juego se ve entre amigos, con los que se prende en picados miércoles, jueves y sábado. Muchas veces coincide con Riquelme en la cancha y en la larga sobremesa. Hay ex jugadores que le escapan a la pelota una vez que dejan de firmar contrato. Varios buscan la paz del golf. No es el caso de Gracián, aunque ha sumado algún torneo amateur de tenis a su menú deportivo. Todo mientras se prepara para ser entrenador. En ese plan viajó cuando arrancó el año a Europa para ver fútbol por España, Francia e Italia. Allá coincidió con Cavenaghi, otro compinche de grande. Es el sueño que proyecta con paciencia. En paz con él mismo. Como dice en la charla con Infobae a través de FaceTime -recurso tecnológico en tiempos de cuarentena- gran parte de ese nuevo Gracián se lo debe a su fe. Para pasar la voz, para ayudar a otros, en dÃas difÃciles para todos se anima a hablar en público del otro costado del Tano que usaba la 10.
—¿Tano, vos sentÃs que desde la fe se convive mejor con la angustia que provoca el coronavirus?
—SÃ. Yo vivo la cuarentena con mucha paz. Lo hablo con muchos chicos con los que compartimos la fe y me dicen que se la enfrenta de otra manera. No desde la arrogancia de creer que a uno no le va a pasar. Le tengo mucho respeto a la enfermedad. Pero interiormente es distinto. La misma palabra de Dios dice que algo asà va a suceder. Cuando habla de las grandes plagas y anuncia que el mundo va a estar medio enredado. Lógicamente, desde la parte espiritual es un tema para profundizar. Más allá de eso, es una alerta para todo el planeta. Andá a saber realmente cómo nació pero hoy lo pagamos todos. El coronavirus es una guerra sin armas.
—Desde un lugar lejano a la fe uno podrÃa preguntarse por qué tiene que morir tanta gente, por qué tanto dolor, por qué una pandemia. Alguien te dirÃa: “¿Cómo me explicás esta guerra?â€
—Entiendo ese planteo. Y tal vez yo no lo sepa explicar tan bien. Pienso que fue todo diseñado asÃ, aun con situaciones que son muy crueles. Ahà es cuestión de creer o no creer. Eso me hace vivir este momento sin miedo. La palabra señala que desde la fe recibÃs una paz que sobrepasa todo entendimiento. “Muchos son llamados y pocos los escogidosâ€, explica. Con el diario del lunes, como decimos los futboleros, llegué a la conclusión de que en mi vida estaba todo pensado. Y eso que yo también era uno de los que le decÃa “no me vengan a mà con la Iglesiaâ€. Ni me habÃa bautizado. Recién me bauticé a los 17 años, con Jonás Gutiérrez. Fue por el Cura de Vélez. Nos llevó al Perpetuo Socorro, a pocas cuadras de la cancha. La comunión, por ejemplo, ni la tomé. Fui a un par de clases y abandoné.
—¿Y en qué momento vos sentiste el llamado?
—En el 2013, cuando jugaba en el Querétaro de México, estaba muy mal en muchos aspectos de mi vida. Problemas a nivel familiar... Mi papá con adicciones. Yo tenÃa problemas con mi pareja. Más las presiones del dÃa a dÃa de mi carrera. No podÃa manejar mi cabeza. No dormÃa de noche. Me desgarré tres veces en seis meses. AhÃ, cuando volvà a la Argentina, mi hermano me dijo de ir... Mi papá ya iba a una Iglesia y lo habÃa recuperado ciento por ciento de las adicciones. Con mi papá Dios hizo un milagro. Y lo bueno es que yo lo pude ver con mis ojos. A veces necesitamos ver para creer.
—Ese fue el gran empujón.
—SÃ. El motor fue ese milagro. Fue muy fuerte. Yo vi lo todo lo mejor y todo lo peor de él. Igual me seguÃa a todos lados. Pero me daba cuenta de cómo se iba deteriorando año tras año... Y de repente, en dos años tenerlo de nuevo como era él antes fue emocionante. Estaba como en los dÃas que me llevaba a entrenar o cuando me iba a ver los partidos de Inferiores los sábados. Un papá. Un hombre que se volvió a reÃr. Que podÃa tomar mates conmigo. Que tenÃa paciencia con la familia. Eso me impactó muchÃsimo. Y lo vi todo con mis propios ojos. Entonces me fui acercando con mi hermano a la Iglesia de mi papá. Como todos, de entrada tenÃa un montón de preguntas sobre la fe. A veces venÃa mi hermano y yo le decÃa “sacame de acáâ€. Me preguntaba cómo puede ser que unos tengan tanto, otros nada... Que unos se mueran, otros no... Con todo el amor me respondÃa “tranquilo, pacienciaâ€. AsÃ, al poco tiempo ya estaba a full. Me puse a leer. QuerÃa aprender.
—¿Cuál era la adicción? La pregunta no es para meter el dedo en la llaga sino para entender la magnitud de lo que pasó.
—La droga. Y lo sacó. Ahora lo puedo contar. Pero me dio mucha vergüenza siempre. Yo me enteré cuando jugaba en Boca. Mi hermano me volvÃa loco. “Papá hace estoâ€. “Papá hace lo otroâ€, me decÃa. Yo me hacÃa el boludo. Estaba en plena competencia, en el club que habÃa soñado jugar. En ese momento sentÃa que no podÃa detenerme a ver qué pasaba. No me daba la cabeza. Encima yo soy el hermano mayor... Ahà pasó que mi viejo empezó a perder los trabajos. “Reducción de personalâ€, era el argumento. Mentira. Después te das cuenta por qué caÃa siempre él... De pronto estaba en mi casa y al rato manejaba un remÃs. Fuerte. Me acuerdo que cuando me enteré me dio mucho pudor. Fuimos a algunos lugares de recuperación. Lo tuvimos que internar. A veces iba a reuniones grupales y cuando me veÃan, yo no sabÃa dónde meterme. No podÃa hablarlo tampoco. Hoy soy feliz de contarlo porque es un testimonio vivo el de mi viejo.
—¿El final de la carrera también se te vino encima? Vos debutaste en Vélez, tu club de chico. Fuiste figura en el campeón del 2005. Te vendieron al exterior en una fortuna. Te contrató Boca con un entrenador como Russo, que habÃa sacado tu mejor versión. ¿En los últimos años sentÃas que te venÃas a pique?
—SÃ. Y es muy fuerte. Tenés un sentimiento de frustración tremendo. Yo lo pude hacer porque los últimos años los enfrenté desde la fe. Desde esa perspectiva lo pude disfrutar. Un semestre no jugué y entrené igual todos los dÃas. No sé cómo hice. No hay explicación. Yo de Querétaro me vine a los seis meses por las lesiones que conté antes. Me rescindieron el contrato y me quedé otros seis meses sin jugar. ¿Sabés adónde me fui a relanzar mi carrera? ¡A Manta! A la B de Ecuador... ¿Sabés lo que es eso?
(IG: leandro_gracian)—¿Y cómo llegaste a Manta?
—Asà es el fútbol. Cuando vos durante seis meses, desaparecés. No existÃs más. Hoy, que voy a ser entrenador, lo entiendo un poco más. Es difÃcil que vayas a buscar a un jugador que viene de medio año parado. ¿Cómo hacés? Lo tenés que conocer de una vida. Si no, no lo contratás. Y es normal. Fue un año parado, además, por los tres desgarros. ¿Quién te quiere ahÃ?
—¿Los desgarros eran porque tenÃas la cabeza rota?
—Seguro. Yo estaba bien entrenado. ¿Cómo me iba a desgarrar tres veces seguidas? Me habÃa pegado lo de mi viejo, todo... Yo creo que aguanté hasta ahÃ. Me quedé sin nafta. Y fue mucho. Porque esta situación la vivà desde que debuté en Vélez. Cuando mi papá cuenta su testimonio nos dice que hacÃa más de 30 años que se drogaba. Es la tÃpica. De entrada la dibujás. Pero cuando tenés 20 años de vicio ya no manejás nada.
—Debe ser fuerte jugar en Boca (2007 al 2010), en Independiente (2010 al 2011) y de pronto estar en Manta...
—Por suerte no fue directo de un club al otro, ja. Yo volvà a Boca después del préstamo a Independiente. Y de ahà me fui seis meses a Colón. Después un año a Chile, al Cobreloa, donde me fue bien. Vuelvo a subir de nivel en México. AhÃ, pasar de México a la B de Ecuador es como ir del Real Madrid a jugar con amigos. Porque Querétaro es un equipo de mitad de tabla de México pero de primer nivel. Con un buen contrato. Eso también te mata. Pasé de ganar muy bien a casi pagar yo para jugar, ja. Esos cambios los pude hacer porque conocà a Dios y empecé a confiar en que podÃa llegar otra vez al primer nivel. Si en esa fe me retiraba ahà mismo. Lo más normal era que con 31/32 años dijera “bastaâ€.
—Dijiste que en esos dÃas tenÃas problema con tu pareja. ¿También lo pudiste resolver?
—SÃ. Vero siempre estuvo bancando la parada. Es mi primer campeonato ganado. Ella está conmigo desde apenas debuté, que fue en el 2001. TenÃa 19 años. Ahora tengo 37 y tres hijos... En todas esas transiciones siempre estuvo al lado mÃo. SabÃa que contaba con Vero. Apoyando no sólo en las decisiones. En los partidos tristes, en las llegadas a mi casa, en los dÃas felices, en los viajes... Ahora también me acompaña a la Iglesia.
—¿Cuál es exactamente tu religión?
—Yo soy cristiano. Pero no me gustan las divisiones. No se puede hacer un Boca-River también de las religiones. La fe no pasa por qué camiseta tenemos puesta sino por sentirlo. Yo no voy a la Iglesia todos los domingos. Sà pertenezco a un Ministerio, donde ahà hay un presidente que nos va enseñando. Se llama Deportistas de Cristo. Tengo una vida religiosa pero no una rutina religiosa. Me escapó de eso. No es que la religión te permite o te prohÃbe cosas. Creer en Dios me dio disciplina, otra manera de resolver las cosas, conocer más a mis amigos. Y asà cien mil cosas. No me pongo un tÃtulo. Soy muy respetuoso de todos. No pienso que mi verdad es la verdad.
—¿En el mundo del fútbol hay que tener un cuidado especial para hablar de religión?
—SÃ. Hay que tener mucho cuidado. A veces cuestiones asà te abren o cierran puertas sin conocerte. Por el fanatismo que se genera. Nadie me obliga a hablar de Dios. Ni estoy todo el dÃa hablando de Dios. Me preguntás y respondo. Igual que contar mi historia. Después te empezás a enterar que un montón de jugadores pasan por estas situaciones familiares. A uno le pasa con un hermano, a otro con un tÃo... Algunos pueden llevar igual la carrera con momentos asà y otros no. Somos como todos. Nada más que tenemos una profesión que mueve la pasión de la gente.
—Hablemos de las buenas, que fueron muchas. ¿Cómo fue que te vaya a buscar Boca, jugar con Riquelme?
—Llegar a Boca fue lo máximo. Pero tiene una historia... Yo me habÃa ido a México en el 2006, después salir campeones en Vélez con Russo. Ese equipo con el Roly Zárate, Somoza, Fuentes, Cubero, Sessa, Jonás Gutiérrez... HabÃa sido la compra más cara de la historia del Monterrey. Dos años después pagaron más aún por el chileno Suazo. O sea, Monterrey me dio todo. Hasta me hizo cinco años de contrato. Histórico. Y yo a los seis meses hice un quilombo grande para irme a Boca. Se me tiró toda la ciudad encima. Los directivos no lo podÃan creer. Es como que vos me compres la mejor casa de todas y yo te diga “no la quiero más, me voy a otraâ€. Una locura.
(IG: leandro_gracian)—¿Y por qué hiciste esa locura?
—¡Porque era Boca! “Venà que acá vas a jugarâ€, me repetÃa Russo del otro lado del teléfono. La verdad, uno de chiquito dice “quiero jugar en Boca o River y un Mundial con la Selecciónâ€. Que me llamara justo el técnico con el que habÃa sido campeón para ponerme la 10 de Boca me volvió loco. Yo estaba en el aire. Asà fue. El primer semestre, entonces, presioné en Monterrey pero no me liberaron. Me dejaron un poco colgado. Me quedé seis meses más y recién ahà me dejaron ir a Boca.
—¿Boca era como lo imaginabas de pibe?
—Fue impresionante. Yo iba en el avión y me reÃa solo de la felicidad. El torneo habÃa empezado en junio. Llegué tarde, en agosto, cuando se destrabó todo. Fue después de que Boca ganara la Copa Libertadores del 2007. Román justo se habÃa ido. Entonces juego yo hasta fin de año. Y él vuelve para jugar después del Mundial de Clubes.
—Ahà te querÃas matar. La 10 de Boca volvÃa a ser de él.
—Eso es verdad. Pero mucho no me querÃa matar. Yo pensaba “aunque sea voy a estar con una estrellaâ€. Román me conocÃa. Y yo conocÃa a los hermanos. SabÃa que me iba a costar jugar. Pero como siempre fui un tipo muy competitivo, pensaba que podÃa acomodarme a algún lugar. DecÃa “tal vez puedo jugar más de mediapuntaâ€. Yo estaba feliz porque venÃa Riquelme y podÃa compartir el vestuario con él. No se da todo el tiempo jugar con jugadores de esa calidad.
—¿Después de todo eso te pudiste retirar en paz?
—SÃ. Me retiré feliz. Porque después de las caÃdas, de pasar por Manta; Santanà y Rubio Ñu (Paraguay); Cúcuta Deportivo (Colombia); terminé en San MartÃn de Tucumán, un club grande. De estar en la B de Ecuador volvà a la Primera de la Argentina. Y todo eso me dio mucha riqueza para mi próximo objetivo: ser entrenador. Yo conozco a un montón de futbolistas que no conocen esa caÃda. O esa transición. No porque no quieren si no porque no les pasa. Algunos pueden decidir terminar en Boca, River o Europa. Pero a veces no conocés el barro. Y para saber cómo se piensa en el barro te tenés que embarrar.
(IG: leandro_gracian)—¿Cuándo decidiste que ibas a ser entrenador?
—En San MartÃn de Tucumán. Ahà empecé a sentir mucho esta pasión. A mirar. TenÃa mucha relación con Diego Cagna, que era el entrenador. Y me empezó a enloquecer el tema del juego. Esas inquietudes no se me habÃan despertado antes.
—¿La idea es hacer dupla con Walter Erviti?
—SÃ. Con Walter nos hicimos amigos en Monterrey. Cuando yo llegué, él ya llevaba muchos años en el club. Era uno de los tres referentes del equipo. Y apenas aterricé me dio una mano enorme para entrar al plantel, para entender al club. Era mi primera salida del paÃs, con apenas 24 años. No es simple mudarte, adaptarte a otro paÃs. El me agarró y me hizo las cosas mucho más fáciles.
—¿Y qué clase de entrenadores van a hacer?
—La verdad es que nos desbordan las ganas. Todo lo que tenemos para implementar en un equipo y a nivel individual con el jugador. Nos gusta el juego de posición. Tener la pelota, atacar. Vamos a ir por ese lado. Siempre con el objetivo de ganar. Porque tampoco vamos a ser unos lÃricos que todo lindo y no pateamos al arco. Queremos conjugar las ideas que tenemos en la cabeza para ganar. Creemos que una clave, que nos apasiona, es llegarle bien al jugador. Si preguntás, hay muchos tipos de experiencia que cuando están por terminar su carrera no tienen una buena relación con el entrenador. Yo veo que al técnico le cuesta mucho tratar que esté en los últimos dos o tres años de carrera. Ojalá que nosotros lo podamos hacer bien.
—Ya tuvieron algunas reuniones pero no cerraron. Godoy Cruz, Estudiantes, Banfield...
—SÃ. Estamos pegando en los palos. Pero sabemos que se va a dar en cualquier momento. Tenemos la paciencia necesaria. A veces se hace difÃcil porque tenemos muchas ganas de estar. No es fácil entrar al ruedo.
—¿A vos cuál fue el entrenador que más te marcó?
—Bielsa fue el que más me enseñó. Cuando lo tuve en la etapa de sparring de la Selección. Compartà tres años con él. Aprendà adentro de la cancha. Movimientos, descubrir espacios. Un montón de cuestiones que pasan en el juego y él me las marcó.
—El entrenaba a la Selección Mayor y vos aprendiste como sparring. O sea que también se preocupaba por ustedes.
—MuchÃsimo. Estábamos con la Gata Fernández y el Malevo Ferreyra. Bielsa les decÃa a los técnicos “cambien a quien quieran pero no a ellos tres porque son los que más entienden los trabajosâ€. No me olvido más. Un dÃa estábamos haciendo fútbol en espacios reducidos, en mitad de cancha. En la preparación para el Mundial 2002. Del otro lado estaban Verón, Ortega, Batistuta, el Ratón Ayala, todos... Salió la Brujita y ahà el Loco me dijo: “Leandro, entreâ€. Y yo jugué para la Mayor. Reemplazando a Verón. Impresionante para mÃ.
—¿Eran sparrings vip?
—Para que se entienda qué es ser sparring. Si la Selección se entrenaba a las dos de la tarde, nosotros una y media practicábamos los trabajos. Después ellos venÃan y les mostrábamos los movimientos. Cada uno en su posición. Y nosotros seguÃamos con ellos. Bielsa nos retaba si lo hacÃamos mal. Eramos el modelo para los grandes. HacÃamos el sistema defensivo con Claudio Vivas, por ejemplo, y se lo mostrábamos. Asà estuve tres años. Yo no pude ir al Mundial 2002 porque habÃa debutado en Primera. Pero desde los 16 años iba con ellos. Yo estaba en la Sexta. Entonces yo volvÃa a mi club y, la verdad, les sacaba mucha diferencia a mis compañeros. Cada vez que habÃa Eliminatorias iba diez dÃas antes al predio. Recibà una preparación increÃble. En Vélez los pasaba por arriba.
—¿Uno de los sueños de esta nueva etapa serÃa dirigir a Vélez?
—Sin dudas. No lo digo mucho. Pero tengo sentido de pertenencia con Vélez. Vivà ahÃ. NacÃ, crecÃ, debuté en Primera, salà campeón. Desde los 12 años que fui al club. Al colegio. Vélez que me encanta. Su gente. A los directivos los conozco de toda la vida. Cada vez que puedo lo voy a ver a la cancha. SerÃa lindo dirigir ahÃ. Volver a sentir esa camiseta que me representa. No sé cuándo empezaré a dirigir. Pero yo tengo que mucha fe. Pienso que me va a ir bien como entrenador. No lo puedo explicar pero lo siento bien adentro. Me tengo mucha fe.
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