La pandemia de coronavirus es hija de la globalización: ¿será su salvadora o su sepulturera?
Un hombre con un traje protector está de pie en el Aeropuerto Internacional de Wuhan Tianhe después de que se levantara el bloqueo en la capital de la provincia de Hubei, epicentro del brote de coro...
Un hombre con un traje protector está de pie en el Aeropuerto Internacional de Wuhan Tianhe después de que se levantara el bloqueo en la capital de la provincia de Hubei, epicentro del brote de coronavirus, el 10 de abril de 2020. (REUTERS/Aly Song) (ALY SONG/)
China anunció al mundo el 7 de enero que habÃa identificado un nuevo tipo de coronavirus, que luego serÃa denominado SARS-CoV-2. A fines de diciembre habÃan aparecido en la prensa occidental los reportes provenientes de Wuhan, que describÃan una extraña enfermedad infecciosa —bautizada Covid-19 más tarde—, pero sin precisar su origen.
Una semana más tarde, el virus ya estaba circulando por Asia, con Tailandia y Japón como los primeros paÃses que denunciaron casos. Otra semana más fue suficiente para que penetrara en el continente americano: el estado de Washington, en el noroeste de Estados Unidos, informó el 21 de enero que habÃa recibido a un infectado.
Tres dÃas después, el coronavirus arribó a Europa. Francia fue su primer destino, aunque no tardarÃa en arrasar con España e Italia. El 14 de febrero, Egipto se convirtió en el primer paÃs africano en tener un paciente con sÃntomas.
Un trabajador médico en traje de protección desinfecta el pasillo del hospital Jinyintan en Wuhan, el epicentro del nuevo brote de coronavirus, en la provincia de Hubei, China, el 13 de febrero de 2020. Foto tomada el 13 de febrero de 2020. (Diario de China vÃa REUTERS) (CHINA DAILY/)Finalmente, el 26 de febrero, a solo 50 dÃas de que se supiera de su existencia, el SARS-CoV-2 llegó a América Latina, la única región del planeta —a excepción de la Antártida— que no tenÃa casos. La puerta de entrada fue Brasil, que es hoy el más afectado de Iberoamérica.
Nunca antes en la historia de la humanidad una plaga se habÃa propagado en todo el mundo en tan poco tiempo. Ahora, a menos de 100 dÃas del descubrimiento del virus, más de 1.700.000 personas lo contrajeron y más de 100.000 murieron como consecuencia, y solo 16 paÃses se declaran vÃrgenes. Algunos son islas perdidas en el PacÃfico, que están bastante aisladas del resto del mundo. Otros, como Corea del Norte, difÃcilmente estén diciendo la verdad.
Esta pandemia, reconocida como tal por la Organización Mundial de la Salud el 11 de marzo, es un producto de la globalización. Sin los flujos inéditos de personas, mercancÃas e información que caracterizan a esta era, serÃa imposible un brote de estas proporciones.
Los paramédicos llevan en silla de ruedas a un paciente desde una ambulancia hasta una zona de llegada de emergencia en el Hospital Elmhurst durante el brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19) en el barrio de Queens de la ciudad de Nueva York, Nueva York, EE.UU., el 6 de abril de 2020. (REUTERS/Eduardo Muñoz) (EDUARDO MUNOZ/)“Creo que el rasgo más distintivo de esta pandemia es que la conexión digital la convierte en una experiencia compartida en tiempo real. Tengo la impresión de que la epidemia de gripe española de hace un siglo afectó a muchas partes del mundo simultáneamente, pero que esta conciencia vino después del hecho. Lo concreto de este tipo de experiencia globalizada es también diferenciadora. Sabemos de amigos, vecinos y famosos que son vÃctimas del virus, y podemos sentir espasmos de empatÃaâ€, dijo a Infobae Richard A. Falk, profesor emérito de derecho internacional de la Universidad de Princeton.
La incógnita que se abre hacia adelante es si las secuelas de la crisis sanitaria, y de la crisis económica inducida para acotarla, van a llevar a una mayor cooperación internacional o, por el contrario, a un mundo más cerrado y menos cooperativo. Ambas son respuestas posibles para evitar que vuelva a producirse un brote como este en el futuro. Las consecuencias de seguir uno u otro camino serán dramáticamente diferentes.
“Mi corazonada es que habrá un gran esfuerzo para crear sistemas locales de salud pública más fuertes, pero, al mismo tiempo, un monitoreo mundial más robusto de los brotes, con intercambio de información y un sistema de gobernanza de la salud mundial. Sin embargo, estas predicciones pueden resultar totalmente erróneas si los gobiernos no logran restablecer la economÃa globalizada, y la probabilidad de que fracasen aumenta cuanto más tiempo estemos sin una vacuna o sin una forma fiable de llevar el curso de la enfermedadâ€, sostuvo Craig N. Murphy, profesor de ciencia polÃtica especializado en estudios sobre la globalización del Wellesley College, en diálogo con Infobae.
Un miembro del personal médico es visto junto a un paciente que sufre la enfermedad coronavirus (COVID-19) en la unidad de cuidados intensivos del hospital Circolo de Varese, Italia, el 9 de abril de 2020. (REUTERS/Flavio Lo Scalzo) (FLAVIO LO SCALZO/)¿Hacia un mundo más abierto?
La pandemia permitió comprobar algunas de las dimensiones más ricas de la globalización. Si los paÃses no compartieran información de la manera en que lo hacen, la gran mayorÃa habrÃa tenido muchas más dificultades para lidiar con el brote.
Es cierto que China tiene una enorme responsabilidad en la propagación inicial del virus. Para evitar la mala publicidad, tardó semanas en comunicarles a su población y a la comunidad internacional la aparición de una nueva enfermedad. Pero luego se comprometió con la respuesta.
Genetistas chinos reconstruyeron la secuencia del coronavirus y la publicaron en internet el 12 de enero. Eso permitió a todos los paÃses del planeta implementar tests para identificar los casos positivos y empezar a trabajar en el desarrollo de una vacuna.
Los trabajadores de la salud del Hospital ClÃnico aplauden a los ciudadanos que les muestran su gratitud desde sus balcones y ventanas, durante el brote de la enfermedad coronavirus (COVID-19), en Barcelona, España, el 26 de marzo de 2020. (REUTERS/Nacho Doce) (NACHO DOCE/)“Hemos tenido sistemas de cooperación internacional para hacer frente a las pandemias desde la primera conferencia sanitaria internacional, en 1851 —continuó Murphy—. Seguimos mejorando este régimen de salud pública mundial a medida que las redes de transporte se hicieron más rápidas y densas. Ciertamente ha tenido algunos fallos, pero ha funcionado lo suficientemente bien como para que la globalización económica apenas se haya ralentizado, al menos a mediano plazo. No creo que las cosas sean diferentes esta vezâ€.
Muchos gobiernos pudieron ver dÃa a dÃa qué funcionaba en las naciones que recibieron el impacto antes y, eventualmente, copiarlo. Un ejemplo son las cabinas implementadas por Corea del Sur para hacerles pruebas de coronavirus a las personas desde sus autos. En poco tiempo, decenas de paÃses reprodujeron el mismo mecanismo.
Son evidencias de que serÃa sensato que la pandemia lleve a una mayor cooperación y coordinación global. Si se fortalecen los organismos multilaterales y los gobiernos empiezan a compartir información y a tomar acciones conjuntas de manera más temprana, una nuevo brote podrÃa contenerse antes de que se convierta en pandemia.
Personas sin hogar hacen cola para recibir alimentos en un campamento establecido por las autoridades de gestión de desastres durante el cierre nacional de 21 dÃas destinado a limitar la propagación de coronavirus en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), el 9 de abril de 2020. (REUTERS/Mike Hutchings) (MIKE HUTCHINGS/)“Es irónico que, en un momento en que muchos paÃses se estaban volviendo contra la globalización económica, esta crisis sanitaria se mueva en la dirección opuesta —dijo Falk—. Muestra las potencialidades de un entendimiento en el que todos ganan. El tipo de geopolÃtica en la que unos ganan y otros pierden se ilustra en el mantenimiento de sanciones que perjudican a las poblaciones civiles vulnerables, mientras que la geopolÃtica en la que todos ganan se expresa mediante el envÃo de respiradores, máscaras y equipo de protección a los paÃses en los que la necesidad es mayor. El mensaje polÃtico de la globalización en este perÃodo de pandemia es que la cooperación beneficia a todos y la rivalidad perjudica a todos. El aumento de casos en un solo lugar lleva a una propagación que no respeta fronteras, incluso si están protegidas por armas y murosâ€.
Una OMS más fuerte, con mayor autonomÃa para actuar en el territorio de cada paÃs, podrÃa haber advertido antes lo que estaba sucediendo en Wuhan, por más que el gobierno chino no quisiera compartirlo. Con más recursos, podrÃa perfeccionar los métodos para detectar problemas epidemiológicos y desarrollar protocolos de respuesta que todos puedan seguir.
Los pasajeros son vistos a bordo del barco Coral Princess, de la flota de Princess Cruises, con pacientes afectado de COVID-19, en Miami, Florida, EE.UU., el 4 de abril de 2020. (REUTERS/Marco Bello) (MARCO BELLO/)Mayor coordinación implicarÃa también, quizás, decidir antes qué hacer con el transporte transnacional. Si los aeropuertos y los cruceros se hubieran cerrado antes, se podrÃa haber contenido el virus a un menor costo humano y económico.
Por otro lado, si se fortalecieran los organismos multilaterales de crédito, se podrÃa facilitar la salida a la profunda crisis económica que está comenzando. Una ayuda que podrÃa ser crucial para naciones sin espalda fiscal ni financiera para reaccionar ante una abrupta recesión.
“El capitalismo globalizado tiene una larga historia y aterriza de forma diferente en varias partes del mundo. Hecho por los humanos, está siendo rehecho por los humanos en conjunto con el medio ambiente y los avances en la tecnologÃa. El coronavirus no implica una reversión o un retroceso en la globalización, sino una forma de cambio social. Hay dos maneras de abordar esta pandemia y las que vendrán. Reforzar las polÃticas de protección social, especialmente mediante la creación de una infraestructura de salud pública, y reforzar la gobernanza mundial, lo que supone el control de las infecciones y la cooperación sanitaria transnacionalâ€, dijo a Infobae James H. Mittelman, profesor emérito de la Escuela de Servicio Internacional de la American University.
Donald Trump y Xi Jinping en la cumbre de lÃderes del G20 en Osaka, Japón, el 29 de junio de 2019. (REUTERS/Kevin Lamarque/File Photo) (Kevin Lamarque/)¿Hacia un mundo más cerrado?
Por más que haya buenas razones para incrementar la coordinación a nivel global, es probable que ocurra lo contrario. La globalización viene ganando detractores desde hace tiempo, sobre todo en los paÃses más desarrollados, que son su principal sostén.
La emergencia de lÃderes populistas con discursos nacionalistas, que denuestan a los inmigrantes y miran con desconfianza al mundo, es un sÃntoma claro del cambio de época que siguió a la crisis financiera de 2008. La crisis de los refugiados en Europa en 2015, el referéndum del Brexit en 2016, el ascenso de Donald Trump y la decisión de sacar a Estados Unidos del acuerdo de ParÃs contra el cambio climático y del pacto nuclear con Irán, son algunos ejemplos.
El sentimiento dominante ante la pandemia en buena parte de la población mundial, especialmente en los paÃses más afectados, es el miedo. Al avance del virus, a enfermarse, al colapso del sistema de salud. La emergencia paraliza. Pero a medida que pasen los meses, y los efectos sobre la economÃa se profundicen, es posible que el miedo ceda el paso a la ira y a la frustración. No parecen los sentimientos más propicios para ir hacia una mayor cooperación, que supone aceptar que todos tienen que ceder una parte. Hay muchos que piensan que ya perdieron demasiado y no quieren entregar nada más.
Jair Bolsonaro junto a Abraham Weintraub, ministro de Educación (REUTERS/Adriano Machado) (ADRIANO MACHADO/)Como ese enojo puede apuntar contra la clase polÃtica, muchos dirigentes van a tratar de canalizarlo hacia afuera. Es esperable que culpen a una globalización, que evidentemente tiene mucho que ver con la propagación del virus, y que ya no tenÃa muy buena imagen. O que directamente apunten contra otros paÃses.
“Vivimos en una época marcada por varias formas de autoritarismo, nativismo y nacionalismo resurgente. No es difÃcil esbozar una visión de polÃticos buscando chivos expiatorios entre los inmigrantes, describiendo las acciones de otros estados como malévolas y con un continuo retroceso de la liberalización del comercio y las finanzas. Las cadenas de suministro mundiales que en su dÃa fueron el sello de la globalización contemporánea están cada vez más desgastadas. Habida cuenta del proceso de desacoplamiento que ya estaba en marcha entre los Estados Unidos y China, es difÃcil imaginar un rápido retorno a las redes mundiales de producción ‘justo a tiempo’â€, explicó Scott Solomon, director de la Escuela de Estudios Globales Interdisciplinarios de la Universidad del Sur de Florida, consultado por Infobae.
La controversial expresión “virus chinoâ€, acuñada por Trump y repetida por otros, habla por sà misma. Abraham Weintraub, ministro de Educación de Brasil, fue un poco más allá y desató un escándalo diplomático con un tuit en el que acusó a Beijing de querer dominar el mundo, imitando muy torpemente la forma de hablar de los chinos.
Suministros de protección personal enviados desde TurquÃa a una base de la Fuerza Aérea Real británica para su distribución en todo el paÃs, en Carterton, Gran Bretaña, el 10 de abril de 2020 (Ministerio de Defensa/Corona derechos de autor 2020/Handout via REUTERS) (Ministry of Defence/)“GeopolÃticamente, ¿quién podlÃa salil foltalecido de esta clisis mundial?â€, se preguntó Weintraub en el mensaje, que fue repudiado por el gobierno chino, que lo consideró racista. “Estas declaraciones completamente absurdas y despreciables (...) han provocado una influencia negativa en el desarrollo saludable de las relaciones bilateralesâ€, tuiteó la embajada china en Brasilia.
En este contexto, la respuesta de muchos paÃses puede ser cerrarse. Una forma es aplicar medidas económicas proteccionistas para fortalecer a productores locales en desmedro del comercio internacional.
“No se puede predecir el futuro, pero cuando haya una recuperación, que puede tomar años, muchas empresas pueden replantearse las cadenas de suministro. Espero crecientes retracciones en el comercio mundial y un aumento de la producción nacional. Entre el colapso económico y de la salud, podrÃamos ver la muerte del neoliberalismo y un movimiento hacia gobiernos más progresistas, al menos en la polÃtica social, aunque muchos seguirán siendo autoritariosâ€, dijo a Infobae Lauren Langman, profesor del Departamento de SociologÃa de la Universidad Loyola de Chicago.
Un miembro del personal médico realiza pruebas de coronavirus en una pista de hielo convertida, en Alkmaar, Holanda, el 8 de abril de 2020. (REUTERS/Piroschka Van De Wouw) (PIROSCHKA VAN DE WOUW/)Otra posible reacción es el debilitamiento de distintos organismos internacionales. Algo anticipó Trump esta semana, cuando atacó a la OMS por su manejo de la pandemia y dijo que Estados Unidos iba a evaluar su participación en la entidad. “Decidieron mal. Perdieron la llamada. PodrÃan haber actuado meses antes. TendrÃan que haber sabido y probablemente lo sabÃan. Asà que vamos a investigar con mucho cuidado y vamos a retener el dinero gastado en la OMSâ€, dijo esta semana en una de sus conferencias de prensa.
No está claro cuál puede ser el alcance de esos movimientos. Algunos rasgos de la globalización como la libertad para la circulación de personas por el mundo parecen muy difÃciles de erradicar, pero no se puede descartar que haya un fuerte retroceso en otras dimensiones. No serÃa la primera vez en la historia que sucede algo parecido.
“Creo que la noción de que la globalización es irreversible, aunque influyente y a menudo utilizada por diversos agentes sociales para fines particulares, es algo asà como un embuste. La primera ola de globalización, entre 1870 y 1914, fue testigo de una tremenda interdependencia, altos flujos de capital internacional y extensas redes comerciales. Todo eso se vino abajo con las dos guerras mundiales y la Gran Depresión que marcó el perÃodo de entreguerras. Para los estudiosos que investigaron la posibilidad de que la globalización contemporánea pudiera experimentar un retroceso significativo, dos posibles causas eran una pandemia o una profunda crisis económica mundial. Estamos experimentando ambas en este momentoâ€, concluyó Solomon.
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