“Solos pero acompañadosâ€: la conmovedora comida de Pascua de tres vecinos en plena cuarentena
El domingo de Pascua que pasaron Giuliana Cappelletti, LucÃa Bravo y Javier Polinario, escalera de por medioGiuliana tiene 76 años. Nació en Italia pero vive en España. Sola en un departamento ...
El domingo de Pascua que pasaron Giuliana Cappelletti, LucÃa Bravo y Javier Polinario, escalera de por medio
Giuliana tiene 76 años. Nació en Italia pero vive en España. Sola en un departamento desde que enviudó, hace ya más de diez años. Su hija vive a 40 cuadras, las dos en la ciudad Villanueva i la Geltrú, a una hora de Barcelona. Las separan 10 minutos de viaje. Pero desde que el coronavirus paralizó el movimiento del planeta, la distancia se disolvió. Bajo la nueva regla del confinamiento todo es lejos, todo es imposible. Salvo lo exactamente cercano.
Y lo cercano son para Giuliana, que no ve a su hija desde el 16 de marzo, su perrito Jack y LucÃa y Javier, una pareja de jóvenes de 35 años que vive en la puerta de enfrente desde hace una década exacta.
La Semana Santa se le vino encima. Por única vez en su vida iba a estar sola en Pascua. Lo pensó el sábado, un dÃa antes. “Ha sido que el dÃa antes estaba pensando. Yo pensaba en mi familia, que ellos estaban lejos y no podÃamos salir con esta historia del confinamiento. Y pensé: ‘Lo mismo les pasa a estos chicos, que nos conocemos y somos amigos. Si yo abro la puerta estamos en el mismo rellano, ellos abren su puerta, yo abro la mÃaâ€, relata Giuliana desde su casa en Cataluña, mientras en el departamento de enfrente LucÃa se prepara para hacer gimnasia.
La mujer imaginó la escena del domingo de Resurrección. Sola pero acompañada, una sagrada familia en tiempos de pandemia. “Y cada uno pone una mesita en su entrada y en el medio de las puertas ponemos otra mesita porque por allà nunca pasa nadie. Pensaba, asà podemos poner la comida sin tocarnos, estando lejos y respetando el confinamiento, pero al mismo tiempo estamos juntos aunque separadosâ€, le cuenta a Infobae.
LucÃa, Giuliana y Javier se conocen hace 10 añosEn la casa de LucÃa y Javier, él es el encargado de comprar alimentos y ella la encargada de sacar a pasear a Jack, el perro de Giuliana, a la tarde, cuando en el barrio hay más gente y es más riesgoso para la dueña del cachorro. “Puede decirse que más que vecinos ya somos amigosâ€, admite LucÃa.
Y ese sábado, cuando por la cabeza de Giuliana Cappelletti volaban las ganas de un domingo de Pascua en familia, LucÃa tocó la puerta para llevarse a Jack. "Y me dice ‘pues qué te parece si para Pascua comemos juntos y yo abro la puerta y tu abres la puerta y nos vemos y no estamos solos’â€, rÃe LucÃa quien inmediatamente aceptó.
“Hace 10 años que somos vecinos y desde entonces tenemos relación. Es un amor de persona. Es muy buena. Vive sola. Cuando llegamos estaba su mamá, que era mayor. Tiene a su hija en la misma ciudad quien va viniendo... pero estuvo con fiebre, y aunque no es COVID-19 para prevenir dejó de hacerloâ€, cuenta LucÃa, y le brota el amor por su vecina: “Ella es una persona muy cercana y siempre ha dado el pie a esta relación. Se va de viaje y nos trae regalos. Nos cocina y nos da recetas. Es bien italiana. Es una mujer a la vieja usanza italiana, que en España se perdió un poco, que tiene la puerta abierta a todo el mundoâ€.
El tuit de Javier la noche de PascuaLucÃa Bravo convive con Javier Polinario hace ya diez años. Ambos son periodistas. Actualmente trabajan en el rubro de la comunicación institucional en universidades de la zona. Javier dio a conocer la historia en su cuenta de Twitter. “Mi vecina de rellano es una persona mayor que vive sola y es muy religiosa. Y este domingo no querÃa pasarlo sola y nos ha dicho de comer con ella, pero respetando la distancia social. Asà que ya nos ves, comiendo cada uno en el recibidor de su casa con las puertas abiertas...â€, escribió el domingo mientras vestida con camisa amarilla Giuliana probaba apenas un bocado del manjar que habÃa cocinado: una lasagna.
Porque además de amor a su vecina y el placer de su compañÃa, serÃa injusto no contar que fue imposible negarse a la mano mágica que la señora Cappelletti heredó de su madre, dueña de un restaurante de la zona de mucho prestigio en su época.
“La lasagna estaba buenÃsima. Por sus padres es su tradición saber cocinar. Tiene una mano increÃbleâ€, rÃe LucÃa. A Giuliana no le gusta la jactancia.
LucÃa subió fotos del almuerzo con su vecina en Instagram“Mi madre era la cocinera, montó el restaurante y hubo platos de oro. Y yo aprendà de ella. No estoy a su altura pero me defiendo. No puedo decir cuál es el que mejor me sale. Me dicen que todos me salen bien.. La lasagna, el pan, la carne. No quiero ser presumida", enumera con mucha timidez, hasta que hace silencio y anuncia una confesión que sabe que causará sorpresa: “No me gusta comer. ¡En serio! Y puedo decirle otra cosa: ¡odio comer! No me gusta nada. Para mà es un sufrimiento â€.
Sin embargo, aclara Cappelletti: “Me encanta cocinar, pero para los demás. Yo creo que ha sido por vivir en un ristorante. Con toda la comida no sabÃamos qué podÃamos comer. Nada nos apetecÃa al ver tanta comida. Es como un pastelero: al pastelero no le gustan los pastelesâ€.
Además de la lasagna de Giuliana, Javier cocinó unas berenjenas y LucÃa preparó el postre tÃpico de la Pascua en España: torrijas, un plato nacido en el sur ibérico, hecho “con un pan que se moja en leche cocida con canela y se reboza y se sofrÃe en el aceiteâ€.
LucÃa subió fotos de su plato en Instagram. Con esta leyenda: “Giuliana es nuestra vecina, pero nos cuida como si fuese nuestra abuela. Nos ha propuesto celebrar la #Pascua juntos. En este tiempo de confinamiento no podemos estar cerca, asà que hemos abierto la puerta y comido juntos pero respetando la distancia. Siempre hay un modo de estar juntos. #FelizPascua con lasagna y torrijasâ€.
La lasagna mágica y, de fondo, su autoraEn las dos casas los platos se prepararon con las medidas sanitarias recomendadas para evitar propagar el virus. Durante el almuerzo de domingo evitaron la atracción de los abrazos. “Los vecinos no se molestaron. Estuvimos una horita, horita y algo. Hicimos sobremesa. Tuvimos esa precaución de cocinar con el cuidado. No intercambiábamos ni platos ni cubiertosâ€, relata Bravo.
La cuarentena total en España, donde al lunes a la tarde habÃa casi 17.500 muertos, puso a toda la población en una quietud necesaria. Es el tercer paÃs en la lista con más vÃctimas fatales. El aislamiento privó a LucÃa de conocer a su sobrino, que nació dÃas atrás. Ella no siente miedo por la enfermedad pero considera que en su paÃs no se le dio la seriedad que debÃan a tiempo. Su método para vivir en confinamiento, explica, es no pensar mucho más allá del dÃa.
“Por suerte hago teletrabajo. Para lo único que salgo es para pasear a Jackâ€, rÃe, antes de hablar de su vecina:
“Giuliana es una mujer muy fuerte. También uno tiene que ver más allá. Si le das un poco de charla y te dice ‘comamos juntos’, en realidad entonces lo necesita. Eso es el apoyo emocional. Estamos pendientes de ella, le compramos medicinas, cocinamos. Ella no me dijo ‘qué mal estoy’ pero hay un contacto más constante de lo que habÃa antes, es una demostración de necesidad de afecto de todosâ€, se emociona.
Giuliana, que tiene a sus hermanos también aislados en el norte de Italia, adora a sus vecinos. “Me ayudan muchÃsimo y si necesito algo sé que puedo contar con ellos. Es una pareja fabulosa. Tengo unos vecinos que son una fábulaâ€, expresa con energÃa.
LucÃa y Javier serán su compañÃa mientras dure el aislamiento en España. Y Giuliana será esa madre o abuela italiana atenta a que todos tengan algo que comer cada uno de los dÃas. La historia que sucede en el pasillo entre las puertas de estos vecinos de Villanueva i la Geltrú se multiplica en cada uno de los hogares de este planeta en pausa. La señora Cappelletti. Es lo que rescata de la pandemia. Lo que le da cierta esperanza: “Hay mucha solidaridad con esta historia. Y eso es lo bueno, que salga lo bueno de la humanidadâ€.
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