La carta del hijo de Gabriel GarcÃa Márquez a su padre en el sexto aniversario de su muerte
Gabo,el 17 de abril fue el sexto aniversario de tu muerte, y en gran medida el mundo ha seguido como siempre, con el ser humano comportándose con crueldad creativa y asombrosa, con generosi...
Gabo,
el 17 de abril fue el sexto aniversario de tu muerte, y en gran medida el mundo ha seguido como siempre, con el ser humano comportándose con crueldad creativa y asombrosa, con generosidad y sacrificio sublimes y con todo lo que hay en medio.
Una cosa es nueva: una pandemia. Se originó, hasta donde sabemos, en un mercado, donde un virus brincó de un animal a una persona. Un pequeño paso para un virus, pero un gran salto para su especie. Es una criatura que evolucionó durante un tiempo incalculable a través de la selección natural hasta llegar a ser el pequeño monstruo voraz que es actualmente. Pero es muy injusto referirse a él en tales términos, y lamento si mis palabras lo han ofendido. En realidad, él no tiene nada particular en contra nuestra. Se aprovecha porque puede. Esa actitud sin duda nos es familiar. No se trata de nada personal.
No paso un solo dÃa sin cruzarme con una referencia a tu novela El amor en los tiempos del cólera o a una variante de su tÃtulo o a la peste del insomnio en Cien años de soledad. Es imposible no especular sobre qué te habrÃa parecido todo esto. Siempre te fascinaron las plagas, reales o literarias, asà como las cosas y las personas que retornan.
TodavÃa no habÃas nacido cuando la pandemia de la gripe española azotó el planeta, pero creciste en una casa donde reinaban las historias y donde una plaga, asà como los fantasmas y los remordimientos, debieron servir de buen material literario. DecÃas que la gente hablaba de acontecimientos que sucedieron en los dÃas del cometa, probablemente refiriéndose al paso del cometa Halley a principios del siglo XX. Recuerdo lo emocionado que estabas de ver al cometa con tus propios ojos cuando regresó hacia el final del milenio. Te cautivó, como si fuera un reloj misterioso marcando silencioso la hora una vez cada 76 años, en un ciclo que se aproxima al tiempo asignado al ser humano. ¿Será una coincidencia? Probablemente solo sea otra pista falsa. Eras ateo, pero también pensabas que era inconcebible que no hubiera un plan maestro del universo, ¿recuerdas? Que no hubiera quién contara el cuento. Es posible que, en ese sentido, tu punto de vista sea ahora más claro que el mÃo.
Ha vuelto una pandemia. A pesar de los grandes avances de la ciencia y el tan celebrado ingenio de nuestra especie, nuestra mejor defensa hasta ahora es simplemente quedarnos en casa, escondidos en nuestras cuevas para que el depredador no nos encuentre. Para los que al menos tengan un poco de humildad, es un momento de reflexión. Para los demás, es solo una cosa más que aniquilar.
Dos de los paÃses que más querÃas, España e Italia, se encuentran entre los más afectados. Algunos de tus amigos más antiguos y queridos en Barcelona, Madrid y Milán están sobrellevando la pandemia lo mejor que pueden en los mismos pisos que tú y Mercedes visitaron innumerables veces durante décadas. He escuchado a varias personas de esa generación decir que están decididas a sobrevivir, aunque sea solo por evitar caer vÃctimas de una maldita gripe después de décadas de sobrevivir a cánceres, tiranos, trabajos, matrimonios y responsabilidades.
La muerte no es lo único que nos aterroriza, sino las circunstancias. Una salida final sin despedidas, atendidos por extraños disfrazados de extraterrestres, máquinas pitando despiadadamente, rodeados de otras personas en situaciones similares, pero lejos de nuestra gente. Es lo que tú más temÃas, la soledad.
A menudo decÃas que Diario del año de la peste de Daniel Defoe fue una de tus mayores influencias, pero hasta ayer yo habÃa olvidado que incluso tu historia favorita, Edipo rey, giraba alrededor de los esfuerzos de un rey por acabar con una plaga. Yo recordaba sobre todo la trágica ironÃa del destino del rey, pero fue la peste lo que desató las fuerzas que precipitaron su caÃda. Tú dijiste una vez que lo que nos atormenta de las epidemias es que son un recordatorio del destino personal. A pesar de las precauciones, la atención médica, la edad o la riqueza, cualquiera puede sacar el número perdedor. Destino y muerte: temas muy queridos de muchos escritores.
El autor y su padre, Gabriel GarcÃa Márquez. (Rogelio Cuéllar)Creo que si estuvieras aquà ahora, estarÃas fascinado por el hombre. El término “hombre†no suele usarse como antes, pero haré una excepción, no como un guiño al patriarcado que detestabas, sino porque resonará en los oÃdos del joven y escritor aspirante que fuiste, con más sensibilidad e ideas de las que sabÃas expresar, y con una fuerte convicción de que la suerte está echada, incluso para una criatura a imagen de Dios y condenada al libre albedrÃo. Te compadecerÃas de nuestra fragilidad; te maravillarÃas de nuestra interconexión, te entristecerÃa el sufrimiento, te enfurecerÃa la insensibilidad de algunos lÃderes y te conmoverÃa el heroÃsmo de las personas en los frentes de batalla. Y estarÃas ansioso por saber cómo los amantes desafÃan cada obstáculo, incluido el riesgo de muerte, para estar juntos. Por encima de todo, estarÃas tan embelesado con los seres humanos como siempre.
Hace unas semanas, durante los primeros dÃas que estuvimos recluidos en casa, mi cabeza se esforzaba por comprender lo que podÃa significar todo esto, o al menos lo que podrÃa salir de ello. Fracasé. La niebla era demasiado espesa. Ahora que las cosas se han vuelto más cotidianas —como lo hacen con el paso del tiempo, incluso en las guerras más aterradoras— aún no logro explicármelo de manera satisfactoria.
Muchos están seguros de que la vida ya nunca será la misma. Es probable que algunos hagamos grandes cambios, y otros hagamos pequeños cambios, pero sospecho que la mayorÃa volverá al baile. ¿No serÃa un buen punto argumentar que la pandemia es una prueba más de que la vida se desvanece de la manera más inesperada y que debemos vivir en grande, y vivir en el aquà y el ahora? Uno de tus propios nietos ha expresado esa opinión.
Las restricciones al movimiento comienzan a relajarse en algunos lugares, y poco a poco el mundo intentará aventurarse hacia la normalidad. El solo hecho de soñar con la libertad inminente hace que muchos empiecen a olvidar las promesas a los dioses que hicieron tan recientemente. Se va debilitando el impulso por procesar el impacto de la pandemia en nuestro ser más profundo, y en toda la tribu. Incluso muchos que anhelamos entender lo que sucedió nos sentiremos tentados a interpretarlo a nuestro gusto. Ya las compras amenazan con regresar en grande como nuestro narcótico favorito.
TodavÃa sigo en la niebla. Parece que de momento tendré que esperar a que los grandes maestros, presentes y futuros, metabolicen esta experiencia compartida. Espero ese dÃa con impaciencia. Una canción, un poema, una pelÃcula o una novela me indicarán, finalmente, el rumbo por el que están enterrados mis ideas y sentimientos sobre toda esta situación. Cuando llegue ahÃ, seguramente tendré que cavar un poco más yo mismo.
Mientras tanto, el planeta sigue girando y la vida sigue siendo misteriosa, poderosa y sorprendente. O, como solÃas decir tú con menos adjetivos y más poesÃa, nadie le enseña nada a la vida.
Rodrigo.
Rodrigo GarcÃa es director. Pronto se estrenará su filme Four Good Days, con Glenn Close y Mila Kunis.
(c) The New York Times 2020
