“O bien vivo, o bien mueroâ€: la heroica decisión de una médica con una enfermedad que la pone en un grupo de riesgo ante el coronavirus
"Los héroes trabajan aquÃ". Médicos, enfermeros y otros trabajadores de la salud enfrentan la mayor crisis de salud pública contemporánea. (REUTERS/Tom Brenner) (TOM BRENNER/)...
"Los héroes trabajan aquÃ". Médicos, enfermeros y otros trabajadores de la salud enfrentan la mayor crisis de salud pública contemporánea. (REUTERS/Tom Brenner) (TOM BRENNER/)
Lisa Rosenbaum es cardióloga en el Hospital Brigham and Women’s de Boston e investigadora en la Universidad de Harvard y desde temprano esperaba lo peor durante el pico del impacto del COVID-19 en los Estados Unidos. Pero también tiene lupus —una enfermedad autoinmune grave, por la cual el cuerpo ataca sus propios tejidos y órganos— y a fin de controlarlo vive medicada para mantener sus defensas bajas y evitar que su sistema inmunológico le provoque un daño grave a, por ejemplo, los riñones.
Eso la ponÃa en un grupo de alto riesgo ante el nuevo coronavirus: los inmunodeprimidos. Si el SARS-CoV-2, para el cual los seres humanos no tienen defensas ni vacuna todavÃa, ataca a alguien asÃ, encuentra un organismo sencillo de infectar y velozmente destruir. Su familia, de médicos, le pedÃa insistentemente que se tomara licencia durante las dos semanas de clÃnica que le tocaban en el Brigham and Women’s y evitara asà multiplicar la exposición; ella no querÃa.
—¿Y qué pasa si terminas en un respirador? —le preguntó su madre, Sandra Lewis, a finales de marzo, en una de las “peleas rutinarias de la era del COVID-19†que solÃan tener.
—O bien vivo, o bien muero —le respondió. Lewis, también cardióloga, se quedó muda por la fuerza con que la golpearon esas palabras.
La cardióloga Lisa Rosenbaum con su madre, también cardióloga, Sandra Lewis.“Pensé para tomar la decisión, pero no me resultó difÃcil. A pesar de la limitación de los datos, parecÃa razonable presumir que mi riesgo —tanto de infectarme como de enfermarme de gravedad— era más alto que el del promedio. Pero sopesé esos peligros desconocidos contra uno totalmente predecible: la agonÃa de no participar en la mayor crisis de salud pública de nuestro tiempoâ€, recordó en una carta emotiva que publicó el New England Journal of Medicine (NEJM).
No esperaba un milagro para ella: “El momento en que tomé conciencia del potencial del COVID-19 para destruir el mundo, y nuestra falta de preparación para detenerlo, fue a comienzos de marzoâ€, escribió. “Estaba en la reunión de TEDMED y entre las conferencias leà una historia de una terapeuta fÃsica de Seattle que tenÃa sÃntomas pero no podÃa conseguir que le hicieran la prueba. ‘Es increÃblemente frustrante’, escribió, ‘porque estoy tratando de hacer todo bien pen un sistema que castiga los momentos de ‘debilidad’ como faltar al trabajo’. Vaya, pensé. Si ni siquiera podemos hacer análisis a los trabajadores de la salud y evitar que infecten a los pacientes vulnerables, esto se va a poner muy malâ€.
En aquel encuentro se sentó entre sus amigas Kerry Palamara McGrath, una médica del Hospital General de Massachusetts cuyo hijo de dos años murió en un accidente otros dos años atrás, y Lucy Kalanithi, profesora de medicina en la Universidad de Stanford y viuda del neurocirujano Paul Kalanithi, cuyas memorias When Breath Becomes Air, sobre la experiencia de ser un enfermo terminal de cáncer a los 37 años, fue publicada póstumamente en 2016.
Paul Kalanithi, neurocirujano y autor de "When Breath Becomes Air", con su esposa, Lucy Kalanithi, y su hija.“Mis dos amigas habÃan enfrentado tragedias insondables. Y cada una tenÃa en su casa un niño pequeño cuya vida habÃa quedado deshecha por la pérdida. Y aún asà fueron al frente y mostraron el deseo y el alivio de poder atender a los pacientes afectadosâ€, escribió Rosenbaum.
En las semanas que siguieron le pareció ver coraje en todas partes: en los médicos de Italia con los que hablaba sobre la pandemia, en los trabajadores en áreas esenciales fuera de la medicina, como los recolectores de basura o los empleados de los supermercados. “Por razones complejas, el COVID-19 se ha cobrado una cantidad desproporcionada de vÃctimas en las comunidades minoritarias, y dado que las minorÃas representan una proporción mayor de los trabajadores esenciales, que no pueden darse el lujo de la distancia social o el trabajo remoto, no hay menos heroÃsmo en el compromiso de estos trabajadores que en la dedicación de los médicosâ€.
“No te toca a ti dar esa peleaâ€, le escribió su cuñada. No ayudó a persuadirla: “¿Entonces a quién le toca?â€, escribió Ronsenbaum. “Tengo muchos colegas a los cuales la edad los pone en peligro, algunos con reconocimiento mundial por su saber cientÃfico y clÃnico. ¿DeberÃan estar en la lÃnea de fuego? ¿Y las mujeres embarazadas, o que tratan de concebir? ¿Y los médicos que llevan décadas sin tratar pacientes crÃticos, o los que tienen un cónyuge o un hijo en peligro, o los que simplemente están asustados y no quieren hacerlo? ¿Y los otros trabajadores esenciales de la salud —aquellos que limpian las habitaciones, que transportan a los pacientes, que entregan mascarillas— para quienes las consecuencias financieras de no trabajar pueden ser más brutales? ¿Y los residentes?â€.
El heroÃsmo de los trabajadores de la salud es una marca de la crisis del COVID-19. (REUTERS/Andrew Kelly) (ANDREW KELLY/)Para ella, como médica, la pandemia le ofrecÃa, de un lado, la oportunidad de ser heroica a riesgo de perder su vida, y del otro vergüenza, culpa y un sentimiento de disolución de su identidad: “¿Quién eres, si no puedes ser el héroe que imaginaste que serÃas?â€.
La madre de Rosenbaum tiene un hermano cuyo hijo más joven murió en 2019. Alrededor del aniversario, muy afectada por el recuerdo, la llamó, le insistió para que no trabajara esas dos semanas y por fin terminó enredada en una pelea épica, al punto que dejaron de hablarse. Durante dos dÃas Rosenbaum no hizo nada por reconciliarse, aunque su hermana, endocrinóloga, le dijo que por una vez no estaba de su lado, y su padre le envió un e-mail titulado “Un pedido de la familiaâ€. Ante su silencio, le texteó un emoji: “La situación es claramente graveâ€, interpretó Rosenbaum. “Sólo me mandó un emoji una vez antes, y estoy segura de que fue por accidenteâ€.
Al cabo de esos dos dÃas, cuando la cantidad de contagios del coronavirus se multiplicaba en Boston, hizo una videollamada a su padre. “Nunca vi a tu madre asÃâ€, le dijo. “Lleva dos dÃas llorandoâ€. Cuando la mujer entró en el rango de la cámara, Rosenbaum sintió la misma angustia que la invade cuando ve por primera vez cara a cara a alguien muy enfermo luego de haberlo conocido primero por su historia clÃnica: “Los datos me informan sobre la gravedad de la enfermedad, pero nunca siento nada hasta que veo el rostro de la persona. He aprendido a prepararme para este momento de desgarramiento cuando veo a los pacientes. Pero no me preparé para mi madreâ€.
El coronavirus llenó el mundo de héroes silenciosos, incluidos aquellos que se quedan en sus casas con gran perjuicio económico y psicológico para salvar vidas. (REUTERS/Brian Snyder) (BRIAN SNYDER/)En su casa, encerrada, la mujer llevaba guantes y se habÃa recogido el pelo, que siempre dejaba suelto, para evitar tocarse la cara. “Háblameâ€, le dijo, y espero que su madre se enojara como en la llamada anterior.
—No puedo tolerar la idea de no volver a verte —murmuró, en cambio.
—Ok —dijo Rosenbaum, y decidió hablar con su jefe.
Su jefe le dijo que era lo razonable, que no lo pensara un segundo más, y con una llamada encontró a alguien que podÃa reemplazarla. “Algún dÃa espero agradecerle a esa persona —escribió en NEJM— pero por ahora no me atrevo siquiera a ver quién es. Las fechas en las que yo hubiera estado en servicio coinciden con el pico del COVID en Boston. Los que cuidan a estos pacientes, asà como todos los demás trabajadores esenciales que arriesgan sus vidas en el mundo entero, siempre serán héroesâ€.
"No habrá desfiles para estas personas", escribió Rosenbaum sobre los que sufren el confinamiento y la distancia social. "Y sin embargo hay heroÃsmo en sus historias". (REUTERS/Yves Herman) (YVES HERMAN/)Ella, de pronto, se sintió expulsada de ese grupo. Y por primera vez pudo pensar la crisis del coronavirus desde el punto de vista de todos los demás, los que se consideran no héroes porque no están llamados a las lÃneas de combate. Y vio todo de otra manera.
“La pandemia también ha revelado una clase de heroÃsmo silencioso: el de los miles de millones de personas a las que les hemos pedido que se queden en sus casas, que abandonen sus medios de vida, que hagan a un lado sus propias identidades para evitar muertes que no pueden ver. No habrá desfiles para estas personas. La mayorÃa de ellos no podrán asociar sus sacrificios a una vida concreta salvada. Y sin embargo hay heroÃsmo en sus historias, tambiénâ€, concluyó.
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