Coronavirus: VendÃa tacos en la calle, se habÃa hecho querer
SEATTLE (AP) — Tomás López no preparaba los tacos que vendÃa en el puesto de comida ambulante de su familia, pero era la imagen del negocio.AtendÃa a sus clientes sentado en una mesita...
SEATTLE (AP) — Tomás López no preparaba los tacos que vendÃa en el puesto de comida ambulante de su familia, pero era la imagen del negocio.
AtendÃa a sus clientes sentado en una mesita junto al vehÃculo en el barrio South Lake Union de Seattle. TenÃa siempre un fajo de billetes para dar vuelto y un par de lectores de tarjetas de crédito para cobrar a una leal clientela de empleados de Amazon, obreros de la construcción y algún periodista que formaban largas colas. Los recibÃa a todos con una sonrisa.
“Hola amigo. ¿Un súper burrito de carne asada? ¿Cuántos? ¿Solo uno?â€.
“Hola amigo. ¿No va a yoga hoy? ¡Debe tener hambre!â€.
“Hola amigo. ¿Cuántos chicos tiene, los dos de siempre? Está bien. Tiene tiempo. Yo tengo cincoâ€.
López, de 44 años, falleció el 2 de abril tras contraer el COVID-19. Su muerte fue lamentada por mucha gente que lo conocÃa al pasar, para la que su puesto de comida y su conversación alegre eran uno de los mejores momentos de su dÃa.
HabÃa llegado del estado mexicano de Hidalgo, al norte de la Ciudad de México. Su pueblo, Dengando, es tan pequeño que ni figura en los mapas, según uno de sus hijos, Isaac López, de 19 años. De niño López atendÃa las ovejas y las vacas de su padre. Jugaba al fútbol con una pelota hecha de bolsas de plástico y banditas elásticas. La pateaba contra un arco que habÃa dibujado en un muro.
A los 15 años se fue a la Ciudad de México, donde se sumó a las fuerzas armadas, en las que tocó el tambor. Lo hacÃa junto con unos 30 soldados en las ceremonias militares, según Isaac.
Se vino a Estados Unidos en 1998, veinteañero. Trabajó dos años en las cosechas de tomates y de otros productos en Oregón y luego en la construcción. Llamaba siempre a Antonia Zamorano, la muchacha que habÃa conocido cuando ella llevaba comida a los peones de la granja de su tÃo. Regresó a México para casarse con ella y se la trajo a Estados Unidos.
Antonia empezó a preparar comida para vender desde una minivan de su familia a obreros de la construcción. El negocio creció y se compraron un camioncito, luego otro y un restaurante en Algona, cerca de la pequeña localidad de Pacific, donde vivÃan.
Tacos El TajÃn, el negocio de la familia, fue uno de los primeros camioncitos de comida ambulante que se instaló frente a un sector medio desierto donde Amazon abrió su sede hace una década. Los empleados de la empresa y obreros que construyen su campus eran una clientela constante. Los atraÃa la jovialidad de López y la calidad de la comida.
A López le encantaba lo que hacÃa, de acuerdo con Isaac. Aprendió algunas frases en alemán, japonés, hindi, urdú y otros idiomas para poder comunicarse con la fuerza laboral internacional de Amazon. En febrero del 2017, el camioncito de Tacos El TajÃn se vio envuelto en un atascamiento del tráfico en la ruta Interestatal 5. Al no poder llegar a Seattle, López abrió su puesto en plena ruta y empezó a vender tacos, para satisfacción de los frustrados conductores.
“A veces lo único que necesitas para ser feliz es un tacoâ€, bromeaba López.
Seth Myers, popular conductor de un programa televisivo nocturno, se enteró de lo sucedido y dijo que “nada agiliza el tráfico más que un tacoâ€.
El cariño que su clientela sentÃa por López se hizo evidente cuando Isaac empezó a recaudar fondos para el funeral y para mantener el negocio a flote. El objetivo era recaudar 10.000 dólares, pero la iniciativa generó seis veces esa suma. Más de 1.400 personas aportaron dinero, muchas de las cuales expresaron también la alegrÃa que les daba López y mencionaron que les daba burritos o alguna bebida a los indigentes a cambio de un estrechón de manos.
Uno de los clientes que aportó dinero dijo que Tacos El TajÃn era “una inyección de optimismo en el medio del dÃaâ€.
Isaac dijo que su padre era exigente y se aseguraba de que su familia se levantaba a las cinco de la mañana para empezar a cocinar.
López disfrutaba mucho el tiempo que pasaba con sus hijos, que tienen de 12 a 26 años. Los llevaba a Space Needle, a jugar al ajedrez o al básquetbol y a ver peleas de boxeo. Isaac y López a veces jugaban al fútbol lo domingos por la tarde. López tenÃa su prominente cintura y los rivales a menudo se sorprendÃan de lo bueno que era con el balón, según su hijo.
Isaac era quien tomaba los pedidos, cocinaba y enseñaba a los empleados a preparar los platos, y su padre planeaba darle un papel más prominente en el negocio.
“Ahora no lo tengo aquà y tengo que ayudar a mi madre con el negocioâ€, dijo Isaac. “Ojalá me hubiera enseñado un poco másâ€.
