Armas biológicas: de la “fiebre de los conejos†a las sorprendentes teorÃas sobre el coronavirus
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Cada vez que surge una nueva enfermedad, y más aún cuando esta se convierte en epidemia o, como en el caso de la infección por Coronavirus que causa la Covid-19, en una pandemia, las versiones, hipótesis, teorÃas y rumores de que se trata de un arma biológica – utilizada intencionalmente o diseminada por accidente desde algún oscuro laboratorio – corren como reguero de pólvora.
En las últimas décadas ocurrió con la pandemia de la infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del SÃndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), y luego con las llamadas gripe aviar y gripe porcina. En todos estos casos, las investigaciones cientÃficas más rigurosas descartaron la posibilidad, aunque las creencias siguieron activas.
En el caso del coronavirus, el miedo y la incertidumbre, sumados a la ingente cantidad de información que circula estos dÃas acerca del virus –parte de ella surgida de fuentes poco confiables-, han ido generando un caldo de cultivo propicio para la creación de suposiciones, conjeturas y teorÃas conspirativas.
Sopa de Murcielago (Foto: Twitter@Viethmichell)La naturaleza del coronavirus
La confusión con respecto a la causa de la Covid-19 –muchas veces potenciada intencionalmente en el marco de conflictos polÃticos y económicos que nada tienen que ver con la salud– se ha expandido al mismo ritmo que la pandemia, lo que llevó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a advertir sobre los peligro de lo que se ha definido como “infodemiaâ€, es decir una corriente de desinformación que se está propagando más rápido incluso que el propio virus.
La investigación cientÃfica dice otra cosa sobre la Covid-19 y ha demostrado el origen natural del virus que la causa, el Coronavirus. En un trabajo publicado el 20 de marzo por la prestigiosa revista Nature, un equipo internacional de cientÃficos dejó en claro que las caracterÃsticas del virus “descartan la manipulación de laboratorio como origen†de la enfermedad.
Los autores de la publicación señalan dos posibles escenarios del origen del virus: en el primero, el patógeno evolucionó hasta su estado actual transmitiéndose entre huéspedes animales antes de infectar al paciente cero; el otro, en cambio, supone que el coronavirus evolucionó directamente en el organismo humano antes del comienzo del brote.
Una ilustración, creada en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), muestra el nuevo coronavirus, Atlanta, EEUU, 29 enero 2020. Alissa Eckert, MS; Dan Higgins, MAM/CDC/Entregada vÃa REUTERS. (Entregada/)Las sorprendentes teorÃas sobre el origen del Coronavirus
Frente a los resultados de la investigación publicada en Nature y a las afirmaciones del Comité CientÃfico de la Organización Mundial de la Salud se pueden encontrar hipótesis y teorÃas que dicen lo contrario.
La más relevante – por el prestigio de quien la plantea – es la que presentó Luc Montagnier, ganador del Premio Nobel por su trabajo sobre el VIH-SIDA pero a la vez una figura muy controvertida en la comunidad cientÃfica.
El investigador francés sostiene que el coronavirus “fue creado. Ha habido una manipulación del virus: al menos una parte, no la totalidad. Hay un modelo, que es el virus clásico, que proviene principalmente de los murciélagos, pero al que se han agregado secuencias de VIH. En cualquier caso, no es natural. Es el trabajo de profesionales, de biólogos moleculares. Un trabajo muy meticuloso. ¿Con qué objetivo? No lo séâ€.
En ese sentido, hay quienes afirman que el virus salió de un laboratorio chino, más precisamente del Laboratorio de MicrobiologÃa de Wuhan, la ciudad donde se detectó el paciente cero de la pandemia.
Abonando esa teorÃa, el presidente del Instituto de la Población, el estadounidense Steven Mosher, escribió en The New York Post: “¿Cuántos ‘laboratorios de microbiologÃa’ que trabajan con ‘virus avanzados como el nuevo coronavirus’ hay en China? Resulta que en todo el paÃs hay solo uno. Y ese laboratorio singular se encuentra en la ciudad china de Wuhan, que precisamente es... el epicentro de la epidemia".
A view shows cardboard cutouts, displaying images of U.S. President Donald Trump and Chinese President Xi Jinping, with protective masks widely used as a preventive measure against coronavirus disease (COVID-19), near a gift shop in Moscow, Russia March 23, 2020. REUTERS/Evgenia Novozhenina (EVGENIA NOVOZHENINA/)En la misma dirección apunta el documental “El origen del Coronavirus de Wuhanâ€, del periodista Joshua Philipp, en una de cuyas partes se apoya en la teorÃa de la cientÃfica china Shi Zhengli, quien trabaja desde 2015 con virus sintéticos. Según Philipp, esa investigación “prueba o apoya con fuerza la hipótesis de que no es posible que se haya generado en una transmisión zoonótica natural, sino que tuvo que provenir de un ambiente hospitalario, de laboratorio, casi con certeza las instalaciones de investigación con nivel de bioseguridad 4 en Wuhanâ€.
VirologÃa en clave polÃtica
La mayorÃa de las teorÃas sobre el origen artificial del Coronavirus se pueden leer en el marco del creciente enfrentamiento entre los Estados Unidos y China en el plano económico y geopolÃtico.
Hace apenas unos dÃas, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, volvió a apuntar contra China por el origen del nuevo coronavirus. “Hay una enorme cantidad de pruebas de que es allà donde comenzóâ€, dijo a la cadena ABC, sobre el Laboratorio de Wuhan. Y agregó que China “hizo todo lo posible para asegurarse de que el mundo no se enterara a tiempo. Fue un clásico esfuerzo de desinformación comunistaâ€.
La respuesta China no se hizo esperar, aunque fue por vÃa indirecta, en una editorial del periódico estatal Global Times. “Dado que Pompeo dijo que sus afirmaciones están respaldadas por ‘evidencia enorme’, entonces deberÃa presentar esta supuesta evidencia al mundo, y especialmente al público estadounidense al que continuamente intenta engañar. La verdad es que Pompeo no tiene ninguna evidenciaâ€, dijo.
Más lejos fue la agencia oficial de noticias Xinhua – que sostiene la posición oficial del gobierno chino – con la publicación on line de una animación donde dialogan un guerrero chino de terracota, munido de un barbijo, y la Estatua de la Libertad. En clave irónica, el video apunta de desmentir las acusaciones del gobierno estadounidense y lo responsabiliza por la dura situación sanitaria que se vive en ese paÃs.
(Hector RETAMAL / AFP) (HECTOR RETAMAL/)En este contexto, el debate sobre si la Covid-19 es producto de laboratorio o, más aún, un arma biológica y no un producto de la naturaleza sigue activo.
No se trata simplemente de la circulación de versiones controvertidas, muchas de ellas con información falsa o incomprobable. La creencia de la Covid-19 podrÃa ser un arma biológica está reforzada en el imaginario social por la historia misma de la humanidad, a lo largo de la cual hubo conflictos bélicos en los que se utilizaron “las pestes†como armas de guerra.
Reconstruccion de la vida de los hititas (Shutterstock)Los Hititas y la fiebre de los conejos
El registro más antiguo de un agente biológico que fue utilizado para dañar al enemigo en el durante una guerra proviene de una serie de textos hititas que datan de alrededor de 1.500 años antes de Cristo.
En estas tablillas, encontradas en las ruinas de Hattusa, se relata cómo, durante la expansión imperial, personas vÃctimas de la talaremia, conocida como la fiebre de los conejos o la fiebre de las liebres silvestres, una enfermedad causada por la bacteria Francisella tularensis, fueron enviadas a las tierras enemigas para que contagiaran la enfermedad a los locales.
Es la primer arma biológica documentada de la historia.
El ingenio innovador de los hititas en el arte de la guerra no se limitó solamente a la utilización de un arma biológica. Por la misma época inventaron el carro ligero de combate, de dos ruedas y tirado por dos caballos. Sus ocupantes disparaban flechas antes de la carga, durante la cual usaban lanzas.
El precedente asirio
Aunque no existen documentos que lo prueben, algunos historiadores sostienen que mil años antes que los hititas, los asirios utilizaban una toxina, la ergotamina, para contaminar los pozos de agua donde se abastecÃan sus enemigos.
La ergotamina causa el ergotismo, una enfermedad que muchos años después serÃa llamada Fiebre de San Antonio –o fuego de San Antonio-, cuyo cuadro clÃnico empieza con alucinaciones, convulsiones y contracción de las arterias. Las vÃctimas comienzan a sentir un frÃo intenso en las extremidades, que pronto se convierte en una sensación de quemazón. El cuadro desemboca en una necrosis de los tejidos, la aparición de gangrena e intensos dolores abdominales. Si el afectado no muere, generalmente queda mutilado, a menudo perdiendo todas sus extremidades.
Las tarántulas de Pirro
Otro caso muy poco documentando pero que algunos historiadores consideran probable, fue la utilización de tarántulas por parte Pirro, rey de Epiro, un reino helénico del Siglo II Antes de Cristo ubicado en la región montañosa de lo que hoy es el norte y el oeste de Grecia.
La historia cuenta que luego de una feroz batalla contra los romanos, donde perdió casi todo su ejército (de allà la expresión “victoria pÃrrica), Pirro regresó a Epiro dispuesto a vengarse de sus enemigos. Lo hizo enviando a centenares de agentes que llevaban arañas venenosas hacia distintas ciudades del imperio romano, entre ellas Taranta, que se vio prácticamente invadida por esos arácnidos, cuyas picaduras provocan, entre otros sÃntomas, temblores incontrolables en las piernas. El veneno, en no pocos casos, resulta mortal.
De esos movimientos provocados por el veneno proviene el nombre del baile tradicional italiano conocido como “la tarantelaâ€, ya que se creÃa que moverse “alocadamente†limitaba el dolor y contrarrestaba los efectos de la picadura.
Los bombardeos de “la peste†medieval
Durante casi un siglo, hasta principios del Siglo XIV, los jefes mongoles de lo que se llamó “La Horda de Oro†permitieron a los comerciantes italianos –sobre todo genoveses– instalarse en el sur de la penÃnsula de Crimea, en la actual Feodosia, por entonces llamada Caffa, una ciudad que se transformó rápidamente en un polo mercantil.
Sin embargo, pronto un fenómeno religioso modificarÃa la convivencia pacÃfica en la región. La conversión al Islam de buena parte de la población del imperio hizo que la presencia de comerciantes y guerreros cristianos se volviera indeseable.
En catapultas se lanzaban cuerpos humanos y animales infectados (Shutterstock)En 1343, Yanibeg, el kan de Kipchak, ordenó expulsar a todos los europeos de la penÃnsula. Logró ocupar la ciudad de Tana (en la costa del mar de Azov, donde los italianos habÃan construido un consulado y abundantes puestos comerciales), pero fracasó en su intento de rendir Caffa.
La ciudad resistió durante tres años y la situación de las tropas mongoles que la asediaban se volvió crÃtica cuando muchos de sus guerreros fueron vÃctimas de la peste. Según el relato del notario italiano Gabriel de Mussis –encerrado en Caffa-, a los mongoles se les amorataba la piel y morÃan como moscas, vÃctimas de la fiebre y de los bubones pútridos que les crecÃan en las ingles y las axilas.
En medio de esa peste que parecÃa obligarlo a levantar el asedio de la ciudad y huir de esa región de muerte, el Kan Yanibeg encontró una solución que le permitió, aún a costa d seguir perdiendo a sus tropas, quebrar la defensa de la ciudad.
El notario de Mussis lo cuenta asÃ: “Los tártaros, agotados por aquella enfermedad pestilencial y derribados por todas partes como golpeados por un rayo, al comprobar que perecÃan sin remedio, ordenaron colocar los cadáveres sobre las máquinas de asedio y lanzarlos a la ciudad de Caffa. Asà pues, los cuerpos de los muertos fueron arrojados por encima de las murallas, por lo que los cristianos, a pesar de haberse llevado el mayor número de muertos posible y haberlos arrojado al mar, no pudieron ocultarse ni protegerse de aquel peligro. Pronto se infectó todo el aire y se envenenó el agua, y se desarrolló tal pestilencia que apenas consiguió escapar uno de cada milâ€.
El efecto fue devastador, ya que las poblaciones de Oriente Medio, aunque seguÃan muriendo por la peste, tenÃan formadas defensas naturales tras siglos de convivir la enfermedad. En cambio, los europeos, sin defensas naturales, morÃan como moscas. En los años siguientes, la peste bubónica se expandió por Europa y acabó con la vida de un tercio de la población.
En Francia también
Casi al mismo tiempo que los tártaros asediaban Caffa, en el norte de Francia las tropas que sitiaban el castillo de Thun L’Eveque en Hainault tampoco encontraba cómo quebrar la resistencia de sus ocupantes.
Luego de meses de infructuosos ataques con las armas convencionales de la época, decidieron enfermar a los ocupantes del castillo arrojando por sobre los muros caballos y vacas muertas, e incluso algunos cadáveres de soldados, para lo cual utilizaron catapultas.
Al cabo de unos dÃas el olor insoportable y un brote infeccioso hicieron que los franceses abrieran las puertas del castillo y decidieran firmar un tratado muy desventajoso.
Casi un siglo más tarde, en 1422, en Karlsten, Bohemia, las fuerzas que sitiaban el castillo utilizaron el mismo recurso, utilizando los cadáveres de los soldados caÃdos en batalla. La ciudadela resistió casi cinco meses, pero finalmente debió rendirse, cuando quedaban muy pocos defensores que no habÃan caÃdo vÃctimas de la infección.
Imagen medieval de la viruela (Foto: Wikipedia)Viruela y fiebre amarilla
De la Edad Media en adelante también abundan los casos en que los ejércitos utilizaron armas biológicas para vencer a sus enemigos. Durante la guerra por la independencia de los Estados Unidos, los británicos trataron de dispersar viruela entre las tropas norteamericanas. No tuvieron éxito porque los infectados fueron puestos rápidamente en cuarentena.
Años más tarde, durante la Guerra de Secesión, los Confederados utilizaron dos recursos biológicos, también con poca suerte. Por un lado, infectaron los pozos de agua con cadáveres; por el otro, mediante agentes que operaban tras las filas enemigas, intentaron contaminar con viruela y fiebre amarillas la ropa y las sábanas que se proveÃan al ejército yanqui.
Soldados japones celebran la caÃda de Shanghai en la segunda guerra sino-japonesaJapón contra China
Congshan, una minúscula ciudad en el sureste de China, es el único lugar donde se ha documentado el uso de un arma biológica durante la Segunda Guerra Mundial, cometidos por unidades secretas de las fuerzas de invasión japonesas que ocuparon gran parte de China entre 1931 y 1945. Fueron pruebas con la intención de utilizarlas a mayor escala.
En agosto de 1942, un avión arrojó sobre el poblado “una especie de humoâ€, como lo describió la lugareña Jin Xianglan. Dos semanas después, las ratas empezaron a morir en masa. La fiebre se extendió entre la población, como primera señal de un brote de peste bubónica que causó la muerte a 392 de los 1.200 pobladores.
Cuando los japoneses tomaron el lugar, el 18 de noviembre, quemaron todas las casas tocadas por la plaga. “Enterrabas a los muertos sabiendo que al dÃa siguiente te enterrarÃan vosâ€, contarÃa años después Wang Peigen, uno de los pocos supervivientes del ataque, que tenÃa entonces 10 años.
Los hechos y la infodemia
Entre otros, estos hechos históricos donde realmente se utilizaron agentes biológicos como armas de guerras son los que hoy sirven para abonar la falsa creencia de que la actual pandemia de Covid-19 es resultado en un producto de laboratorio.
No hay pruebas cientÃficas de que asà sea, sino de todo lo contrario: el coronavirus es un producto de la naturaleza y su diseminación no ha sido manipulada. Sin embargo, la infodemia sobre la infección por coronavirus alimenta su credibilidad en historias como estas y elabora las más sorprendentes teorÃas.
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