Cómo viven los pacientes con coronavirus en los hoteles de la ciudad
Dos veces por dÃa, los médicos pasan a ver a los infectados. AquÃ, un hisopado para un test (Federico Guastavino)No saben cómo se contagiaron de Covid-19, ni si fue al mismo tiempo. Pero Walter...
Dos veces por dÃa, los médicos pasan a ver a los infectados. AquÃ, un hisopado para un test (Federico Guastavino)
No saben cómo se contagiaron de Covid-19, ni si fue al mismo tiempo. Pero Walter y su esposa, que estaba embarazada, fueron al Hospital Piñeiro porque tenÃan sintomas de la enfermedad. Ella quedó internada allà porque el parto estaba próximo. A Walter lo llevaron al Hotel de las Luces para cumplir con la cuarentena. A los tres dÃas, el cuarto hijo de ambos nació. Walter no pudo estar presente.
“Fue un golpe terrible el que sentà ese dÃa -cuenta Walter, un soldador de 33 años que vive con su familia en el barrio porteño de Flores, desde la habitación del hotel-. Estaba como loco. Ella es mi compañera, mi amor, mi vida... y mi bebito nació y no podÃa estar ahà presente por este virus de porquerÃa. Estaba destruido emocionalmente. Pero con la ayuda de Dios y la contención de los doctores, los enfermeros, los voluntarios y los psicólogos lo superéâ€.
La hora de comer para una persona con Covid-19 alojada en un hotel porteño (Federico Guastavino)Desde que inició la pandemia, la Ciudad implementó un protocolo en distintos aspectos de la vida y las actividades de los porteños. Entre ellas quienes vienen del exterior o se infectan como residentes en la Ciudad y utilizan el sistema público de salud son alojados en los hoteles de pasajeros y de infectados asintomáticos como estrategia de prevención. El 75% de los infectados no lo saben ni lo sospechan, son los llamados asintomáticos y, según la tasa de contagio mundial, podrÃan contagiar, en caso de no aislarse, al menos a 4 personas cada uno. Por eso se hizo imprescindible esa medida.
A Walter lo contactan médicos dos veces por dÃa. Les debe reportar si tuvo fiebre (“gracias a Dios no tengoâ€, asegura), y recibe la contención de psicólogos. Son las únicas personas que ve en medio del aislamiento, la única posibilidad para controlar con eficacia la pandemia. “La verdad es que el trato de los chicos es muy humano, entienden la situación. Me llaman todos los dÃas y me preguntan cómo estoy, si tengo temperatura, cómo amanecÃ, si descansé bien, cómo está mi familia. Es como una charla entre amigos o familiera. Te hace bien porque no te sentÃs ajeno, te soltás y te alivia mucho eso que te genera el encierroâ€, explica.
Las normas de higiene se multiplican (Federico Guastavino)“Los dÃas pasan rápido. La semana pasada estábamos tratando de asimilarlo con mi señora y, en un pestañazo, ya estoy comenzando la cuenta regresiva para mi próximo hisopado. Mi gorda se está curando de a poco del cuadro de neumonÃa provocado por el coronavirus, y a mi bebito el test le dió negativo y está rosadito. Estar acá es la mejor opción, porque si estás en tu casa no sabés qué puede pasar con tus viejos o tus abuelos, si los tenés. Podés vivir toda la vida preguntándote ¿por qué no me recluÃ?. Es un momento breve el que estás solo. Solo entre comillas, solo fÃsicamente, porque estamos juntosâ€, concluye.
Facundo Carrillo, secretario de Atención Ciudadana, explica que “la pandemia nos desafió a todos, hoy no importa cual es tu cargo o función, nuestra tarea es cumplir los lineamientos que define Fernán Quirós, el ministro de Salud porteño, junto con su equipo, para el trabajo en los hoteles y estar al servicio de los vecinos para evitar la propagación del virus en la Ciudad. Sabemos que por cada paciente con Covid-19 que estamos cuidando evitamos muchos contagios y le damos tiempo y espacio al sistema público de salud para enfocar todos sus recursos en los casos más complejosâ€, afirma.
La distribución de las viandas. Se las dejan en la puerta de la habitación (Federico Guastavino)Sin dudas, la puesta a punto de 23 espacios extrahospitalarios en hoteles para recibir a más de 6300 personas de un dÃa para otro fue un desafÃo que no estaba en los planes del ninguna de las personas que integran el ejecutivo porteño: “Tuvimos que aprender rápido y haciendo; no habÃa tiempo para perder, conocer la historia de cada persona es un llamado a comprender la importancia que tiene que todos respetemos el aislamiento, hay situaciones en las que otras personas no tuvieron elección, no podemos bajar los brazos, esta es una situación histórica que nos exige seguir haciendo nuestro máximo esfuerzo†concluyó Carrillo.
Nora, de 61 años y oriunda de Laboulaye, cuando llegó en el barco de Buquebús al que subió un pasajero infectado y la contagio (Federico Guastavino)El 20 de marzo -el dÃa que comenzó al cuarentena- llegó desde Uruguay el famoso barco de Buquebús con un joven que infectó a buena parte del pasaje. Todos ellos fueron alojados en el hotel Panamericano. Entre los que permanecieron en cuarentena con vista al Obelisco estuvo Nora Waldhorn, de 61 años y oriunda de Laboulaye, provincia de Córdoba. "Estuve desde el 20 a la madrugada hasta el 30 de marzo que me trajeron acáâ€, dice por el hotel Escorial, su residencia actual.
Un colaborador porteño desinfectando equipajes (Federico Guastavino)Nora, que viajó con una amiga a Uruguay, jamás pensó en un regreso asÃ. A una semana de su arribo al hotel Escorial Nora le hicieron el primer test, y que dio positiva al Covid-19. “El 28 de marzo nos hicieron los test a mi y a mi amiga, a mi el 30 de marzo me dio positivo y a mi amiga le dio negativo. Mi amiga se volvióâ€.
“Yo te digo la verdad, me han tratado muy bien, lo que he necesitado siempre lo he tenido, lo que está al alcance de ellos (los voluntarios) por supuesto, El desayuno nos lo traen ocho o ocho y media, una cosa asÃ, te golpean la puerta y vos te levantas a buscarlo. El almuerzo igual, tipo 12.30, la merienda tipo 17.30 a la tarde y la cena tipo ocho y media, entre las ocho y las nueve digamosâ€.
La distribución de las viandas (Federico Guastavino)Al llegar al hotel, Nora debió responder a una serie de preguntas referidas a lo que serÃa su estadÃa. Le preguntaron si era diabética o hipertensa, para saber qué podÃa comer. â€Yo les dije nada que ver, de hecho engordé unos cuantos kilos, porque estuve sin hacer nada, me ofrecieron jabón, shampoo, pero igual como yo venÃa de viaje ya tenÃa todo eso. Las toallas y las sábanas las cambian todo bienâ€.
Nora volvió a dar positivo en un segundo test que le practicaron el 5 de abril. Sin embargo cuenta que casi no tuvo sÃntomas: “Lo único que tuve fue pérdida del gusto y el olfato. Pero ni fiebre, ni dolor de cabeza, ni malestar general o esa tos seca que sà le escuchaba acá a mucha gente. Lo mÃo, dentro de todo, fue muy leveâ€.
La limpieza es fundamental, y se respetan los protocolos de higiene (Federico Guastavino)El protocolo que debe seguir es similar al de Walter: “Acá me dejaron un termómetro digital para que me tome la fiebre, y dos veces por dÃa, a la mañana y a la noche, me llaman. Nunca pasé de 36. Y al no tener sÃntomas no hizo falta que vengan a mi habitaciónâ€.
Lo peor del Covid-19 es la soledad, pero Nora buscó la manera de combatirla. “Tuve mis dÃas…. me acostaba, me levantaba, miraba televisión, me conecté Netflix en el celu, la gente de mi ciudad me acompañó muchÃsimo porque soy el único caso, asà que imaginate. No he podido volver a Laboulaye porque no me dejaban entrar hasta que el test me de negativoâ€, explica. Como cuentan muchos, la tercera semana fue la más dura: â€se me empezó a poner un poco más pesado, no venÃan los resultados de los test, yo estaba muy ansiosa, pero la fui tironeando gracias a Diosâ€.
Asà dejan la comida, en la puerta de las habitaciones (Federico Guastavino)Pasado ese perÃodo Nora, y ante el nuevo test que se avecinaba, Nora se puso muy ansiosa. “Me hicieron el hisopado por nariz y por garganta y el lunes a la tarde ya tenÃa el resultado. La noticia me la dio una doctora de acá del hotel, me sonó el teléfono y me dijo que ya no tenÃa presencia de virus. No se como explicarte la sensación que tuve…. lo primero que hice fue llamar a mis hijos. Yo estoy muy agradecida a la Ciudad. El dÃa que nosotros llegamos en Buquebus fue un caos, hasta que nos llevaron en colectivo al Panamericano. Después de eso se acomodó todo. Ojalá la Ciudad gane el juicio, para que el que se subió al barco pague todos los daños que causóâ€.
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