Hayek y el coronavirus
El economista Friedrich Von Hayek (Granger/Shutterstock/)“Hoy resulta casi una herejÃa sugerir que el conocimiento cientÃfico no constituya la suma de todos los conocimientos. No obstante, una ...
El economista Friedrich Von Hayek (Granger/Shutterstock/)
“Hoy resulta casi una herejÃa sugerir que el conocimiento cientÃfico no constituya la suma de todos los conocimientos. No obstante, una pequeña reflexión mostrará que está fuera de toda duda la existencia de un importante aunque desorganizado conjunto de conocimientos que no pueden ser llamados cientÃficos en el sentido de ser un conocimiento de reglas generales: es el conocimiento de las circunstancias situacionales y temporales especÃficasâ€
Friedrich Hayek, “El uso del conocimiento en la sociedadâ€
El presidente Alberto Fernández dijo que abrir la economÃa serÃa un desastre. Es interesante porque en este momento abrir la economÃa es equivalente a abrir la puerta de la casa de la gente. Lo miedos oficiales nos pueden mostrar hasta qué punto economÃa y libertad son la misma cosa. Queda al descubierto a qué se le llama en última instancia “neoliberalismoâ€. No es el “cÃrculo rojo†ni el “estiércol del diabloâ€. Es la lección olvidada, constitucional, de que la prosperidad está en nuestras acciones y elecciones diarias y que las restricciones que los gobiernos imponen la dañan.
La polÃtica sin lÃmites no quiere saber nada con el poder distribuido de un mercado que le quita importancia. Al final esta pandemia desnudó hasta qué punto controlar a la economÃa y controlar a la gente son la misma cosa, ojalá se aprendiera algo a partir de ahÃ. El lucro, al que se inhibe como pecaminoso en la Argentina como en ningún otro paÃs, es un poder distribuido, que es lo contrario a lo que quieren aceptar los que se ven como protectores y guÃas de la sociedad con su admoniciones. Estos se dedican a identificarlo como el mal y al poder protector como el bien, aunque nunca el dinero ha motivado predominantemente malas acciones, porque se lo obtiene intercambiando, algo que sà ocurre con su pretendido control, el del poder, que no supone intercambio. Por eso dirigen sus ataques a empresas y gente de mucho éxito, para que no se vea que todo empieza por la simple libertad de salir de casa y dirigirse a hacer lo que se quiera sin preguntarle a ningún guardián.
La economÃa es, ya se ha admitido, simplemente eso y las empresas y los exitosos dependen de manera absoluta de esa sencilla verdad. Sin la gente saliendo a la calle y eligiendo, son esta nada pandémica que puede fundir a cualquiera. Pero si se admitieran las lecciones de Adam Smith, de Alberdi y de la Escuela AustrÃaca de economÃa, ¿qué rol les quedarÃan a los héroes de la espada que persiguen dragones? Uno más útil pero poco interesante desde el punto de vista de la literatura medieval: el de ser sirvientes acotados, como se los empezó a definir a partir del constitucionalismo clásico, que es el único que va en ese sentido. El artilugio que el poder encontró para salirse de ese rol fue el de cambiar “sirviente†por “protectorâ€, con los llamados constitucionalismos de otras generaciones Se volvió por este artilugio asà a los términos polÃticos de la edad media sin que mucha gente lo advirtiera porque estaba todo disfrazado de ser a su favor. Pero, al final del camino nos encontramos que proteger era tan agobiante como que no pudiéramos salir de casa o tuviéramos que llamar a un burócrata para que nos dejara ir a la plaza o mostrarle el DNI. Lo más elemental.
El Gran Hermano es un planificador y alude a la fraternidad no por casualidad. Está difÃcil ahora negar que economÃa y libertad no sean la misma cosa estudiada desde distintos puntos de vista. Friedrich Hayek, premio de economÃa 1974, se adelantó a todos hablando de los órdenes espontáneos y la Escuela AustrÃaca de EconomÃa a la que pertenece, se ha mantenido hablando de economÃa desde la complejidad del proceso social, sin sobre simplificarla con modelos matemáticos que al final son útiles para que los regimentadores escondan en grandes números a los individuos que salen de sus casas siguiendo sus objetivos. AsÃ, manipular esos resultados es menos evidente que significa también meterse con la libertad de las personas. Ellos están tomando decisiones “técnicasâ€, como Menguele digamos. Hayek escribió un artÃculo titulado “El uso del conocimiento en la sociedadâ€, publicado por primera vez en el American Economic Review en 1945, en el que desbarata toda pretensión de planificación centralizada de la sociedad. Ahà desbarata posibilidad de manejar a la sociedad desde una inteligencia central, podrÃamos llamarle hoy consejo de expertos en términos de pandemia, porque aún con menores luces los individuos tienen un conocimiento de las circunstancias, limitaciones, costos y beneficios en base a información directa que tienen, a la que ningún genio puede acceder y mucho menos manipular sin causar un enorme daño. Y, algo que habrÃa que mostrar ahora a los epidemiólogos cercanos al poder también y a los gobiernos que los han encontrado ahora como mejores aliados que los economistas cortesanos, que los modelos matemáticos en su simplificación nublan la vista acerca de la individualidad y la complejidad consecuente.
Además de lo que argumenta Hayek de modo contundente, lo que el planificador central no puede ver, no importa si considera a los fines individuales desde el punto de vista de la producción de bienes o de la conservación de su salud, es que no hay tal cosa como un cuerpo con fines a un nivel de agregado, porque todas las intenciones que son su motor no están en ningún otro lado que al nivel de la decisión individual, que se coordina con otras en función de sus objetivos y que, como enseña Hayek, lo harán de un modo informado que no puede ser reemplazado. Y como la intención es el motor, no importa ningún grado de desarrollo tecnológico o de monitoreo cerebral de un gran hermano, la intención y la voluntad individual no se puede reemplazar.
El presidente y quienes siguen con este falso dilema de elegir entre salud y economÃa, deberÃan entender que incluso si tales cosas fueran escindibles, esa serÃa una elección económica. Cuando las personas conocen el problema de la pandemia, todo lo que les queda por hacer es tomar decisiones económicas, elegir entre opciones que tienen sus costos y evaluar riesgos. Lo que estamos viendo como problema es que a la pandemia se le suma la arrogancia de creer que el gobierno sabe mejor que las personas como cuidarse. Y no es que las personas no se equivoquen, sino que aún cuando lo hagan estarán más seguras haciéndose cargo y aprendiendo de sus vecinos que estando sujetos a una corte de expertos. En una conversación con Sam Harris cuenta Yumal Harari que el rey de Francia convocó a un comité de las mejores mentes de la Universidad de ParÃs para que lo aconsejaran sobre cómo para enfrentar la alta mortalidad de la Peste Negra que devastó Europa en el siglo XIV. Los eruditos dictaminaron que la enfermedad era consecuencia de un mal alineamiento de los astros. Pero lo paradójico que demuestra Hayek es que aún si no consideráramos que los que saben también se equivocan, sobre todo cuando se convierten en auxiliares del poder que tiene sus propios fines, lo que no pueden saber es qué es lo que cada persona tiene que hacer ni siquiera en una circunstancia tan extraordinaria como una pandemia.
Hay otra lección olvidada, que es que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamenteâ€, como señalaba Lord Acton. No importa si las intenciones para concentrarlo fueran inicialmente bien intencionadas o informadas, al final todos se enamoran de su rol más que de la nobleza de sus palabras.
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