A 60 años de la “Operación finalâ€: la increÃble captura de Adolf Eichmann en la Argentina
Adolf Eichmann con su uniforme militar nazi y cuando fue atrapado en San Fernando, provincia de Buenos AiresLlamémoslo José. Tiene 20 años, es argentino, estudia en la facultad y es de origen ju...
Adolf Eichmann con su uniforme militar nazi y cuando fue atrapado en San Fernando, provincia de Buenos Aires
Llamémoslo José. Tiene 20 años, es argentino, estudia en la facultad y es de origen judÃo. Regresa al auto en el que lo están esperando. Tiene mala cara, vuelve abatido. Le dice a su compañero, al que conoce hace sólo dos dÃas, con tono lúgubre: “Se nos cayó la pista. No se llama Klement. El apellido es Eichmannâ€. El conductor del auto, el que esperaba, se tiene que esforzar para disimular su alegrÃa. “No pasa nada. Ya veré cómo sigo. Subà que te alcanzoâ€.
Ese fue el momento exacto en que Zvi Aharoni se convenció de que habÃa encontrado a su presa. TranscurrÃan los primeros dÃas de marzo de 1960. Aharoni tenÃa 38 años, era interrogador jefe del Shin Bet (Servicio de Seguridad de Israel) y esta era la primera misión que le encargaba el Mossad. HabÃa llegado a Buenos Aires una semana antes. DebÃa verificar que Adolf Eichmann, el criminal nazi, estuviera en Argentina y determinar su ubicación exacta. Entró al paÃs como diplomático, se alojó en la embajada israelà y para su pesquisa se valió de varios sayanim, voluntarios judÃos que se prestaban a realizar tareas de transporte, vigilancia, o asistencia médica que los agentes del Mossad pudieran necesitar. José era uno de ellos. Los sayanim sabÃan sólo lo imprescindible. Se les encargaba una tarea sin explicarles el contexto. Cuanto menos información poseyeran, mejor.
Aharoni no tenÃa demasiados datos sobre Eichmann. Una foto de cuando era oficial nazi durante la Guerra, que se hacÃa llamar Ricardo Klement y la dirección de dónde vivÃa con su familia. Chacabuco 4261, en Olivos. Pero el dÃa que llegó hasta la casa, en un auto manejado por otro sayanim, descubrió que la casa estaba vacÃa; la familia que vivÃa allà se habÃa mudado hacÃa unas semanas.
“No sé dónde fueron los alemanesâ€, respondió un vecino. No desesperó aunque empezó a sospechar que su misión serÃa un fracaso. ¿Cómo podÃa vivir Eichmann con su familia en esa casa con tan pocas comodidades y en estado deplorable? La pista debÃa ser falsa. Una pista falsa más en esa década de pesquisa.
El documento con el nombre falso de Ricardo Klement que Adolf Eichmann usó en la Argentina (Yad Vashem)Al dÃa siguiente regresó y tuvo más suerte. En el fondo de la vivienda trabajaban unos albañiles. Les preguntó por los antiguos habitantes y el trabajador le contó que se habÃan mudado a San Fernando. Cómo él le habÃa hecho algunos trabajos en su nuevo hogar, sabÃa cómo llegar. Y le explicó detalladamente al israelà cómo hacerlo. “Igual, si es algo urgente, cruce que en el taller mecánico de enfrente, trabaja el hijoâ€. Asà fue que al dÃa siguiente, José, el sayanim del principio de esta historia, fue al taller con un regalo que una supuesta antigua novia le enviaba a uno de los hijos del “Sr. Klementâ€. El mecánico que lo recibió le dijo que no era Klement, sino Eichmann el apellido. Mientras el sayanim pensó que la misión era un fracaso, Zvi Aharoni supo que estaba mucho más cerca de dar con Adolf Eichmann.
Esa noche, desde la embajada, envió un mensaje cifrado a Isser Harel, jefe del Mossad: “El conductor es rojoâ€. Significaba que probablemente Klement fuera Eichmann pero que todavÃa faltaba ubicarlo y despejar varias dudas.
El primer dÃa del fin de semana siguiente, Aharovi fue en colectivo hasta San Fernando. El albañil habÃa brindado precisas instrucciones. Reconoció el paisaje al arribar. La ruta 202, la calle Garibaldi sin asfalto, el kiosco en una esquina, la parada del 203 y a unos 100 metros la casa discreta en medio de un descampado. Tratando de pasar desapercibido hizo guardia un rato. Vio a una mujer y a un chico de unos 8 años jugando en la parte exterior. Nada más.
Rastreo la titularidad de la casa en el Registro de Propiedad Inmueble pero su esfuerzo fue infructuoso. Volvió dÃa tras dÃa, con distintos vehÃculos y sayanims para no llamar la atención. Alguna vez mandó a alguien a hablar con la nuera de Klement pero no obtuvo mayor información. Nunca vio a Klement. Pero los demás datos que iba recopilando indicaban que todo cerraba. Pero siempre faltaba la certeza definitiva. Y sobre todo verle la cara al criminal fugado.
Cuando estaba por tirar la toalla y reconocer el fracaso de su tarea, vio trabajar en las afueras de la casa a un señor mayor, de edad indefinida, enjuto, con poco pelo y a un joven de unos 20 años. Eichmann y uno de sus hijos. Aharavi se acercó a ellos. Y les hizo algunas preguntas. En su mano derecha llevaba un bolso con el cierre ligeramente abierto. La conversación no levantó sospechas. El hombre que charló con Aharavi se parecÃa a Eichmann y hablaba con fuerte acento alemán.
El terreno donde estaba la casa de Eichmann en San Fernando (Perez Izquierdo, Laureano/)Al regresar de San Fernando, Aharavi se apuró en abrir el bolso. QuerÃa saber si el dispositivo habÃa funcionado y en especial si él habÃa apuntado bien. Tuvo palpitaciones hasta que reveló las fotos. HabÃa logrado captar la cara de ese hombre. Él por fin tenÃa la certeza. Ricardo Klement era Adolf Eichmann.
Minutos después envió otro mensaje cifrado a Harel: “El conductor es negroâ€. Después de más de una década de búsqueda habÃan dado con el paradero del criminal nazi.
Aharavi regresó a Israel y a partir de ese momento el Mossad empezó a planificar la captura del nazi. Ben Gurion escuchó en silencio las explicaciones de Harel y aprobó la misión. Pero aclaró en tono firme: “Deben traerlo vivo y en perfecto estado. Será el primer nazi juzgado en Israelâ€.
El ministro de justicia explicó las posibilidades jurÃdicas y, en especial, las consecuencias internacionales. Era imposible pensar que Alemania o Argentina juzgaran a Eichmann. Decidieron aceptar las consecuencias del escándalo por la intromisión en un paÃs extranjero. Por secuestrar a una persona y sacarla del paÃs. Prefirieron pagar ese precio a cambio del impacto que tendrÃa el juicio.
Un equipo con una decena de especialistas empezó a trabajar. Cada uno llegarÃa a Argentina desde distintos puntos del planeta con diferentes coartadas. Se alojarÃan en casas que varios sayanim habÃan ido alquilando en esos dÃas sin saber para qué lo hacÃan. La operación se planificó paso a paso. Se seguirÃa a Eichmann varios dÃas hasta lograr determinar dónde trabajaba. De todas maneras por la información que habÃa aportado Aharavi lo más seguro parecÃa capturarlo algún atardecer en el que volvÃa a su casa. La lejanÃa de su lugar, lo inhóspito de la geografÃa de esa zona de San Fernando favorecÃa la operación.
Eichmann en la prisión israelà escribiendo su diario. Los agentes del Mossad se encontraron con un hombre enclenque y temeroso, una imagen muy lejana a la del terrible criminal nazi responsable de 6 millones de muertes (Shutterstock) (Shutterstock/)Antes de que los agentes se dispersaron por el mundo para volver a encontrarse en Buenos AIres hubo una charla final en la que se repasó paso a paso la misión. Se asignaron nuevas responsabilidades, se refrescaron protocolos de actuación y, antes de finalizar, Harel les recordó que era imprescindible mantener la integridad fÃsica de Eichmann. Todos los agentes habÃan perdido a gran parte de sus familias en los campos de concentración nazis y no querÃa que nadie perdiese la calma y se vengara.
El último problema a resolver fue el de establecer cómo salir de Argentina con Eichmann. Barajaron varias posibilidades. Escape en auto por una frontera, viaje en barco o por avión. La más rápida y segura parecÃa esta última pero contaba con un problema. La aerolÃnea de bandera israelà no hacÃa vuelos a Buenos Aires. Alguien propuso que se hiciera un vuelo de prueba, para ver si la aerolÃnea podÃa incorporar en el futuro esa ruta. Pero era demasiado riesgoso y era una excusa que podÃa llamar demasiado la atención. El regreso marÃtimo era demasiado extenso y el peligro aumentarÃa en cada puerto. Hasta que una comunicación del ministerio de relaciones exteriores israelà proporcionó la solución casi de manera casual. El 25 de mayo de 1960 Argentina celebraba los 150 años de la Revolución de Mayo. Diversas delegaciones extranjeras fueron invitadas a los festejos. Isser Harel consiguió que Israel enviara una y asÃ, en ese avión, sacarÃan a Eichmann.
A principios de mayo de 1960 el equipo completo estaba en Buenos Aires. Harel, como jefe del Mossad, también viajó. TenÃa citas con los distintos miembros en los cafés más variados de la Capital. La observación habÃa determinado que Eichmann regresaba todos los dÃas hábiles a su casa a las 19.40. A esa hora exacta bajaba del 203, sacaba la linterna de su bolsillo, paraba en el kiosco de la esquina a comprar cigarrillos y hacÃa los 80 metros que lo separaban de su casa a ritmo cansino. Luego, al entrar, saludaba, prendÃa algunas lámparas a kerosén (no tenÃa luz eléctrica), jugaba un rato con su hijo menor y cenaba. La rutina era perfecta, implacable.
Eichmann durante el juicio que se llevó a cabo en Israel en 1961 (Everett/Shutterstock) (Everett/Shutterstock/)Un dÃa, Klement bajó del colectivo con un ramo de flores que le entregó en la puerta de su casa a su esposa; por la ventana se veÃa la mesa del comedor con su mejor mantel y unas velas. Los habitantes de la casa de la calle Garibaldi estaban de festejo. La incógnita se develó, esa misma noche cuando los agentes israelÃes llegaron a una de las múltiples casas operativas que habÃan instalado en Buenos Aires (llegaron a tener siete simultáneamente). El legajo les dio la respuesta: ese dÃa Adolf y Vera cumplÃan 24 años de casados. Eso celebraban los Klement. El aniversario de casamiento de los Eichmann
No pudieron determinar dónde trabajaba (luego se sabrÃa que en la Mercedez Benz). Asà que la única opción para secuestrarlo era su casa. La oscuridad otoñal de la hora del regreso jugaba a favor de los agentes israelÃes.
El 11 de mayo los agentes del Mossad esperaban en dos autos negros sobre la ruta 202 en San Fernando. Estaban separados por una decena de metros. Uno de ellos tenÃa el capot levantado simulando problemas mecánicos. A las 19.40 apareció el 203. Puntual. Hamacándose ligeramente se acercó a la parada disminuyendo la velocidad. Los cuerpos dentro de los autos se tensaron. Pero el colectivo siguió de largo. Los agentes se miraron. Nadie dijo nada. Durante los siguientes minutos el silencio y el nerviosismo crecieron. Pasaron otras dos unidades del 203 y de ninguna bajó su presa. Por primera vez desde que lo vigilaban el hombre se habÃa demorado. Y si lo desolado del paisaje les jugaba a favor para la tarea, también era una contra si el tiempo pasaba. Detenidos demasiados minutos allà llamarÃan la atención. El jefe dio la orden: “Uno más y nos vamosâ€. A las 20.04 otro interno del 203 se detuvo en la parada. El hombre que buscaban bajó por la puerta trasera, encendió la linterna y enfiló por la calle Garibaldi hacia su hogar. El momento habÃa llegado.
Al verlo de cerca, algunos de ellos dudaron. No podÃan creer que el criminal nazi era ese hombre vencido, prematuramente avejentado, que alumbraba sus pasos débiles con una linterna.
Pasó por al lado del automóvil sin prestar atención; tal vez saludó con un leve movimiento de cabeza. De pronto, Peter Malkin, el agente israelÃ, lo derribó de un empellón y lo inmovilizó. Malkin habÃa practicado esa toma centenares de veces. Pese a las especulaciones previas todo fue sencillo y no encontraron resistencia. El criminal de masas era un ser débil y endeble fÃsicamente. Lo tiraron en el piso de la parte de atrás del auto y mientras lo maniataban y amordazaban, partieron raudos hacia el escondite que habÃan previsto. La presa temblaba sin parar.
Cuando capturaron a Eichmann tuvieron que esperar varios dÃas en una casa, vigilándolo durante las 42 horas, antes de poder volar fuera del paÃs (Leopald Joseph/ANL/Shutterstock) (Leopald Joseph/ANL/Shutterstock/)¿PodÃa ser éste individuo enclenque y temeroso el responsable de más de 6 millones de muertes? Las dudas atiborraban a los captores. Al llegar a la casa donde lo tendrÃan hasta la partida a Israel, el médico del equipo, con la ficha con los datos personales y señas particulares de Eichmann en la mano, procedió a revisarlo. Prontamente, el secuestrado reconoció ser Adolf Eichmann.
Una vez capturado e identificado el funcionario nazi, el Operativo Eichmann enfrentaba su mayor desafÃo: mantenerlo oculto hasta el momento que lo pudieran embarcar hacia Israel. Todos los miembros del equipo debÃan moverse lo menos posible, para no despertar sospechas. Descontaban que tenÃan unos dÃas a su favor. La esposa no harÃa la denuncia en forma inmediata, y en caso de que la hiciera, no develarÃa a la policÃa la verdadera identidad de su esposo. Pasados esos primeros dÃas, y descartadas las hipótesis de una fuerte borrachera o de un escape fruto de una aventura amorosa, el peligro aumentaba.
Los agentes israelÃes escuchaban permanentemente los informativos radiales y buscaban en los diarios, noticias sobre la desaparición de Eichmann, pero nada apareció. Con el paso de los dÃas, ese también fue un dato de anormalidad, perturbador. Si cualquier otro empleado de la Mercedes Benz (casi cualquier otro: tal vez no ocurrÃa lo mismo con alguno de los otros 36 alemanes empleados en la fábrica en la época de Jorge Antonio) desaparecÃa, transcurridos unos dÃas, la noticia hubiera sido publicada en todos los diarios de Buenos Aires. Cada movimiento extraño alrededor de la casa, cada frenada abrupta de un auto en las inmediaciones, los inquietaba. HabÃan tomado precauciones.
El criminal nazi en la prisión donde esperó el juicio por sus terribles crÃmenes (Shutterstock) (Shutterstock/)Uno de los agentes sometÃa a Eichmann a un interrogatorio exhaustivo sobre sus actividades durante el régimen nazi, grabado para ser difundido a la prensa internacional, en caso de ser descubiertos y detenidos por las autoridades argentinas.
Los israelÃes tomaron más precauciones de lo debido. Ãlvaro Abós pone el foco en ello: “Los agentes sobrevaloraron dos espacios: la unidad, capacidad y fortaleza de los antiguos nazis refugiados en Buenos Aires y la capacidad logÃstica y de inteligencia de la policÃa argentinaâ€.
Eichmann estaba en una quinta en la localidad de San Miguel cerca de la ruta 197. El encierro, al avanzar los dÃas, flagelaba a los agentes israelÃes. Fueron varios dÃas de ocultamiento y convivencia con su presa. La moral declinaba. Pero nada podÃan hacer. Sólo esperar. Y no levantar sospechas.
Una mujer y un hombre del equipo se hacÃan pasar por matrimonio para que el casero no viera nada extraño. Los demás no salÃan de sus escondites. HabÃa permanentemente una doble guardia. Una externa que cuidaba que nadie se acercara a la propiedad; y una interna: las 24 horas del dÃa habÃa alguien mirando a Eichmann, quien no podÃa estar solo ni un segundo. Lo afeitaban, le daban de comer, un médico lo atendÃa: era fundamental llegar con él a Israel en buen estado y poder mostrárselo al mundo.
El croquis de la casa de Eichmann realizado por los comandos israelÃesLa relación de los israelÃes con Eichmann era escasa y tensa. Sólo Peter Malick tuvo charlas con él más allá de los interrogatorios de rigor. Era una guerra contra el tiempo, contra la espera. DependÃan de la llegada a la Argentina del avión que transportaba a la delegación oficial del Estado de Israel que participarÃa en los festejos por los 150 años de la Revolución de Mayo. En ese avión trasladarÃan a Eichmann, camuflado como un piloto de la aerolÃnea. El plan era arriesgado, pero era el único viable. La dificultad no residÃa en traspasar las endebles fronteras argentinas, sino en llegar a Israel sin ser detenidos en otras jurisdicciones.
Eichmann, al ser informado del plan, pidió que no lo sedaran. Aseguró que no ofrecerÃa resistencia alguna. No habÃa motivos para dudar de su sinceridad. Desde el mismo momento de su detención, se mostró solÃcito y participativo. Pero los israelÃes no se arriesgaron y le suministraron tranquilizantes. En el aeropuerto adujeron que un miembro de la tripulación, luego de una noche de copas, se sentÃa mal. Hasta volcaron algo de whisky sobre su ropa para que despidiera más olor. Fueron pasando los controles con este miembro de la tripulación descompuesto. Lo subieron al avión entre dos, inconsciente.
El avión hizo escala en Dakar dónde sabÃan que no serÃan detenidos. El 23 de mayo de 1960 Adolf Eichmann llegó a Jerusalén. 24 horas después, la noticia estaba en la primera plana de todos los diarios del mundo.
Un criminal de guerra nazi serÃa sometido a juicio en Israel.
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